NEUER LE DA EL TRIUNFO AL BAYERN SOBRE EL MADRID

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Echada a perder la Liga ante el Mallorca, el Real Madrid dio un paso adelante para terminar otra temporada en blanco con una dolorosa derrota frente al Bayern (1-2), que desnudó al equipo de Arbeloa, sin mucho fútbol y con un exceso de épica que no bastó para contrarrestar una actuación estelar de Neuer que coronaron con sus tantos Luis Diaz y Kane. 

A los muy dados a buscar señales, la tormenta que descargó sobre el Santiago Bernabéu una hora antes del partido no fue casualidad, fue un prólogo. El cielo avisaba de que lo de Son Moix no había sido un tropiezo aislado, sino inicio de una cuesta abajo. Afuera caía el diluvio; dentro, bajo techo, el Madrid vivía en una burbuja tibia, como si los problemas pertenecieran siempre al exterior, a un mundo que no termina de entrar en Chamartín.

Sonó ‘Enter Sandman’ de Metallica antes de las alineaciones y el estadio se dejó envolver por ese presagio con letra de aviso ante las pesadillas. No era música, era atmósfera. ‘Sleep with one eye open…’. Convenía tomar nota. Porque enfrente estaba un Bayern con vocación de ogro, moldeado por Vincent Kompany en una máquina de hacer goles: 300 en 99 partidos. Una barbaridad que exigía rigor, oficio y temple. Justo lo que hoy le falta a este Madrid.

Álvaro Arbeloa dibujó sobre el césped lo que mejor le había funcionado en marzo, en su florecimiento primaveral tras la caída ante el Getafe: ese bloque medio-alto aprendido de memoria: Valverde, Tchouaméni, Pitarch, Güler y Vinícius. Quitó a Brahim para abrir sitio a Mbappé, que siempre promete incendio. En el otro lado, Kane, con el tobillo renqueante, no quiso perderse la cita. Apareció a tiempo y el Real Madrid lo pagó caro con un gol estupendo del británico.

Pero el Madrid es hoy un equipo sin director de orquesta. Las ausencias de Modric y Kroos pesan como una losa antigua, de esas que no se levantan con voluntad. Sin ellos, el equipo vive al día, a la carrera, al error del rival. No hay pausa ni brújula, solo vértigo. Y así es difícil gobernar partidos grandes.

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