TIEMPO ESENCIAL
Mientras la humanidad se cimbra ante la barbarie y la estupidez de la guerra, México permanece cuidadosamente entretenido con distracciones y silencios que adormecen su instinto de supervivencia, ante hechos que deberían alertarnos por los peligros que anuncian.
En tanto, el presidente de Estados Unidos ha impuesto exitosamente su voluntad con el más descarnado sadismo y desprecio a la vida humana, mientras el pensamiento humanista que dice dirigir nuestro rumbo, se repliega ante sus bravatas y atropellos, respondiendo con … un concierto de la cantante Shakira en el Zócalo, que reunió -se dijo- a más de 500 mil almas para escucharla, y rebasando el poder de convocatoria de personajes como Francisco I. Madero, Lázaro Cárdenas y hasta el de Andrés Manuel López Obrador.
Y no es que no se comparta el gusto por la vibrante voz y el ritmo cadencioso de la artista colombiana. Lo que desconcierta, es el propósito oficioso de hacernos sentir de maravilla en momentos cuando se impondría manifestar, como pueblo y gobierno, nuestro repudio a las agresiones y crímenes que comete a diario el hegemón capitalista en todo el orbe, y cada vez más cerca de nosotros.
La impresión que damos con dicha actitud resulta contraria a lo que tal vez, de buena fe, se propone el gobierno nacional; pues: ¿qué buen resultado puede dar la distraída alegría, mientras las agresiones nos estallan en la cara y, en respuesta, solo se nos ocurre bailar y gozar con Shakira?
Eso fue el mes pasado, pero hoy ya nos estamos “emboletando” en el mundial de fútbol que, de no interponerse el capricho de Trump, estaremos gozando en pocos meses.
¿Acaso no es una reacción estulta eludir lo que ya es una realidad, tratando de mantener tranquilo al tigre cuando está a punto de hincarnos el colmillo acompañado por sus rémoras latinoamericanas? Ni Televisa ni TVAzteca podrían haber creado mejor estrategia para bajarnos la guardia.. y hacer reír al tigre.
En los hechos, la brutalidad del depredador está arrastrando consigo no solo a sus víctimas, sino también a sus aliados y “socios” como fingimos creernos, aunque no seamos más que sus maquiladores y, posiblemente, sus próximas presas.
Preferimos exorcizar sus amenazas con espectáculos “cocacoleros” que cierran nuestros ojos a la realidad y nos hacen sentir requete bien, aunque tal vez mañana seamos requeridos a pagar un alto costo por nuestra cobardía.
Porque el tigre siempre será un depredador, y por más que bailemos y cantemos como monitos, cuando le venga en gana podríamos servirle de almuerzo.
Lo peor es que con nosotros va de gane, no solo por el control que su nación tiene sobre la nuestra desde hace años, sino por la opinión que le es favorable, lograda tras décadas de sometimiento económico y psicológico de nuestras clases gobernantes, y su control sobre la educación de decenas de generaciones formadas con los mismos gustos y valores de la decadente sociedad norteamericana.
Y es por ello que los principios y compromisos que acompañan al humanismo mexicano se ven, por el momento, como si salieran sobrando e incomodando. Nada más pregúntenle su opinión al profe Marx Arriaga.
¿A qué entonces la insistencia en luchar por ellos si sólo causan problemas?, dirán los pragmáticos del poder, dispuestos a obedecer la voz del amo sin garantía alguna de ser respetados o mejor tratados que otros pueblos.
Pero si pensamos así, estamos perdidos y, entonces, lo mejor será, en efecto, ir a bailar al Zócalo y a otras actividades lúdicas, antes de que el depredador termine por engullirnos.
Pero si no es posible una respuesta contundente, por lo menos que quepa en nosotros la dignidad y no andar jugando al bobo. Dignidad y actitud alerta y enrostrar el miedo, es lo mínimo indispensable que ha de ponerse en práctica cuanto antes.
Como diría don Benito: “Malo sería dejarnos desarmar por una fuerza superior, pero sería pésimo desarmar a nuestros hijos privándolos de un buen derecho, que más valientes, más patriotas y sufridos que nosotros lo harían valer y sabrían reivindicarlo algún día.” (B. Juárez, carta a Matías Romero, 1865)
De último momento antes de esta publicación, Andrés Manuel Lopez Obrador, ha llamado a solidarizarnos con Cuba. Es un llamado que responde en mucho a la crítica expuesta en este texto.




