Un adulto responsable
Una mentira que te haga feliz, vale más
que una verdad que te amargue la vida…
Mentiroso – Ricardo Arjona
El otro día estaba viendo la tele cuando de pronto salió el nuevo comercial de Estafeta, en el que, (palabras más, palabras menos), decían que nada los detenía, excepto a veces el tráfico, pero de que tu producto llegaba, lo hacía. Puede que no sea textual, pero ese era el mensaje, y no recuerdo un comercial que fuese tan honesto.
Siempre la publicidad nos quiere “ocultar la verdad” con algo: ponernos las famosas “letras chiquitas”, ofertar algo y después cambiarle el precio, hacer que cierto producto parezca más grande que lo que realmente es, vendernos “experiencias” en lugar de hacer más eficiente lo que se comercia. En fin, hay cientos de trucos (unos más morales que otros) para tratar de hacer creer a la gente que un producto o servicio es el bueno. Y francamente cansa tanto el mal marketing como el superlativo.
Y estamos tan acostumbrados a las mentiras que se nos hace normal verlas en todos lados: en los perfiles de las páginas de citas, en los discursos de los políticos, en el Marketplace de Facebook.
Y como diría el viejo y poderoso refrán: “a donde fueres, haz lo que vieres”, nosotros mismos nos hemos convertido en mentirosos profesionales. Mentimos con terribles excusas, como esa de “no te dije porque te ibas a enojar” y lo peor, cuando nos cachan solemos hacernos los enojados, los molestos, los tontos… Las víctimas, vaya.
Y en lugar de que nos avergonzáramos de ello e intentáramos cambiar, opacamos el brillo de los honestos, de esa gente que es transparente, que le gusta decir lo que siente sin tapujos, sin pena (aunque a veces rayen en la crueldad).
Les decimos que “no digan la verdad tan de frente”, que “no son las maneras de hablar”, nos excusamos en el “respeto” para tratar de censurarlos, pero muy dentro de nosotros sabemos que por algo lo están diciendo y que sus críticas (ya sean constructivas o no) son las únicas en las que podemos confiar.
Necesitamos a las personas que refrescan la vida con la verdad, pero que tengan los pantalones bien puestos para corregir lo que ven mal. Necesitamos gente honesta y proactiva, porque aquellas personas que solo critican pero que no mueven un dedo por cambiar lo que ven mal, son, en realidad, parte del problema.
Hay una reflexión que leí hace poco en una tira cómica de Gaturro, y se las quiero compartir: “Soy la pura verdad… Esa que nadie quiere decir. Los políticos nacionales no me quieren, porque hago perder elecciones y los internacionales tampoco, porque voy en contra de los intereses económicos. Y yo, cada vez estoy más sola. Esa es la verdad”.
Nota: Ojalá nos atrevamos a ser un poquito más honestos o, por lo menos, aprendamos a no mentirnos a nosotros mismos.




