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LAGUNA DE VOCES
El que llueva hace que la esperanza renazca, nutra los jardines que miramos en la infancia, proteja la versi n que teníamos de la existencia humaña y, por lo menos, intente hacerla ajena a la tristeza que como adultos generalmente tenemos porque hemos vivido, y por lo tanto perdimos los ojos buenos con que podíamos esperar muchas cosas del paso por la vida. Algo tiene la lluvia que aunque sea por minutos nos devuelve la confianza en que despu s de todo, ha valido la pena caminar por los prados donde renace la certeza de que tuvimos una raz n central para mirar con paciencia el milagro constante de la fe.
Me gusta pensar que lava los campos, la pena que por largas temporadasínos agarra del cuello sin saber si habr tiempo para recuperar el paisaje en que siempre existe la posibilidad de volver a empezar, devolver al mundo lo que nos otorg cuando niños y despu s perdimos, pareciera que de manera irremediable. La lluvia es buena en esos tiempos en que asumimos que, despu s de todo, no ramos ning n milagro, ninguna estación eterna donde solo estrellas, solo lunas blancas alumbrar an el camino.
Algo tenemos que ser, de eso no hay duda, pero son tantas las veces que entendemos lo contrario, que tendr n que ser las lluvias de cada a o, pocas veces puntuales, las que logren lavar el rostro, los ojos, las manos, la memoria empeque ecida porque olvid el instante nico en que nos fue concedida la eternidad.
Algo tiene la lluvia que puede devolver la esperanza y nos dice que, de alguna manera, la fe ser la nica posibilidad para salvar el recuerdo, la voz siempre amorosa de los que hoy padecen y defienden su esperanza que es la nuestra, y sin la que a lo mejor el camino quedar a cerrado para siempre.
Por esa raz n es preciso que llueva cuando hace falta, para que los campos crezcan o salven lo que se pueda despu s de tanto sol que agota las plantas, que las ahoga como es la constante en estos días.
Lo nico que sabemos a ciencia cierta es que nunca como ahora es tan preciso traer de regreso los ojos con que de niños mir bamos caer la lluvia, mirar c mo escurr a de las azoteas, distinguir el camino de los Ríos de a mentiras que, a veces, llevaban barcos de papel a los que distingu amos con nombres nicos, de grandes embarcaciones que navegar an hasta destinos infinitos.
Alg a nos tocar ir por esos destinos insondables, plenos de la magia que agotamos con tantas tristezas. Pero hoy no. Hoy apenas es tiempo para evocar la fe en la vida, en la vocación por creer que es prudente creer, y me refiero a la vida, la que a tantos y tantos se les escapa a veces sin darse cuenta en un pa s lacerado, masacrado por la violencia.
Por ellos, los que luchan día a día para volver a ver los campos en lluvias como las de estos días, es que uno desea con tanta ansiedad que cada día nos permita saber que nuestros seres queridos est n bien, reconocen el camino para regresar y saludarnos al otro lado de la l nea telef nica, con la voz esperanzada de quien ha visto de nuevo caer la lluvia en la calle, en el patio de su casa, en el amable y amoroso hogar donde siempre han sido felices, en los días de Nochebuena cuando nos sab amos parte de un mundo amable, nico y esperanzador.
Mil gracias, hasta ma ana.
jeperalta@plazajuarez.mx
@JavierEPeralta
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