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Hidalgo
jueves, marzo 12, 2026

Cuando me quise comer al mundo pero me atraganté

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ESPEJOS DE LA REALIDAD

Cuando era ni a, cada vez que sub a a un avi n, siempre le dec a a mi mam con la mirada somnolienta: Despi rtame cuando traigan la comida, pero que no se te olvide, por favor . Desde peque a, comer ha sido una actividad que disfruto plenamente; ya sea agreg ndole salsa a los tacos o prepar ndome una quesadilla de jam n con queso, mi mente se sumerge en un estado de trance donde todo a mi alrededor se desvanece.

El a o pasado estuvo plagado de momentos complicados. Me qued en una mentalidad post pandemia, sin ganas de salir y acostumbrada al encierro. Pronto comenzaron las preocupaciones, ya que evitaba cualquier tipo de salida, e incluso recuerdo que nunca me sent a saciada; mi est mago era un agujero negro que absorb a todo lo que encontraba, sin dejar escapar ni siquiera la luz, o en este caso, un pan dulce.

Meses despu s de la intervenci sicamente una charla con mi madre y unas semanas en el departamento de mi hermaño en CDMX me propuse ser más activa. Empec a seguir rutinas de ejercicios en una plataforma recomendada por mi hermaña (que sigo usando hasta hoy), y poco a poco ajust mi alimentación. 

Sent a cierta ridiculez al respecto, así que al principio no se lo cont a nadie. Me avergonzaba no reconocer mi cuerpo, pero tambi n me avergonzaba preocuparme por ello. Quer a perder peso, pero ni siquiera quer a admitir ante m misma que quer a hacerlo.

Descargu una aplicación para registrar los alimentos que consum a y comenc con ejercicios usando las pesas más ligeras que encontr . No compraba nada sin revisar la tabla nutricional. Era un equilibrio delicado: no quer a caer en la cultura t xica de la dieta y la restricción alimentaria, pero tampoco quer a volver al ciclo descontrolado de comer en grandes cantidades. 

Empec a ver resultados tras unos meses; mi claridad mental regres y mi percepción cambi . Mantuve mis h bitos saludables y, pronto, «Pachis» el apodo de mi infancia regres . Me sent cticamente igual que siempre en toda mi vida; no era una Mariaña nueva, sino la que ya conoc a pero que no se hab a presentado durante alg n tiempo.

Hace unos a os visit la cl nica 32 del IMSS en Pachuca, donde en el consultorio tenían enmarcada una imagen de una persona delgada queriendo salir de un cuerpo gordo. No era la primera vez que ve a esa imagen, desde ni a circulaba en las cadenas de correos de Hotmail. 

Nunca me gust verla, y menos durante una cita m dica. La «Pachis» que conoc a era exactamente lo opuesto a esa imagen. «Pachis», «Maco», «Chewbacca», «Aunty Mari», «Malli», «Marisol», representan las cualidades que más aprecio en m misma: un apetito alegre por la vida, una curiosidad voraz, el deseo de probarlo todo y saborear cada experiencia. 

Lo hago con todo lo que realizo, desde jugar videojuegos hasta escribir este texto; mi hambre de todo me recuerda que la vida es para vivirla, solo debo tener cuidado de no atragantarme. Por ahora, seguir pidiendo que me despierten si la comida está servida, con la misma emoción que cuando tenía seis a os, ya sean manzanas con yogur griego, o una rebanada de pizza con orilla de queso.

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