Pido la Palabra
Ella llegó a tu vida cuando recién habías cumplido los 16 años, te encontrabas en plena juventud, pero aún y con tu inexperiencia, sabías que ella estaría contigo para toda la vida, es más, así lo deseabas, pues intuías el dolor de una separación prematura.
Juntos disfrutaron de agradables momentos, buscando siempre el sabor de la vida; degustando lentamente las mieles de la creación; nada los detenía, pues ella junto con los 31 amigos, que integraban el resto de su grupo, formaban el binomio perfecto para tus excesos.
Pero nada es para siempre, y aquello que tú deseabas para toda la vida ¡se acabó! Y la culpa es tuya, pues esa relación que debió ser sana y limpia, terminó por desgastarse; tu descuido provocó que ahora ella tenga que abandonarte, y ya no hay remedio.
Sí, lo sé, no puedes dormir, los nervios los tienes alterados, su venganza es sanguinaria; y tú piensas que no es posible soportar tanta crueldad; y para tratar de aminorar tu dolor, recuerdas los bellos momentos que juntos pasaron. En efecto, la descuidaste, pero sientes que ello no es causa suficiente para que ahora tome venganza como lo está haciendo.
¿Y si tomas un somnífero para dormir y olvidar?, ¿tal vez si te embriagas? No, es más grande el dolor que te aqueja, imposible no sentir tanto sufrimiento.
¡Eres una vergüenza! Te lo advirtieron y no arreglaste a tiempo los problemas que empezaban a darse con ella, te sugirieron que la sacaras de tu vida, pero siempre salías con la babosada de que el trato era “hasta que la muerte los separara”.
¡Y ahora?, deberías verte al espejo, pareces un muerto en vida, demacrado, sin comer, no soportas a nadie, ni a tí mismo, y todo por culpa de ella.
En fin, tarde has aprendido la lección, pues aún y con el dolor que ella te está provocando, también te está otorgando algo igualmente importante: la necesidad de visitar al dentista periódicamente; tu muela del juicio está conspirando en tu contra y pronto los demás dientes se le unirán, por ello: ¡ya arráncala de tu vida!
Las palabras se las lleva el viento, pero mi pensamiento escrito está.




