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Hidalgo
martes, marzo 3, 2026

Cansancio…

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Pido la palabra

Mantener el nivel de lucha es desgastante, y, a veces, el cansancio termina siendo el primer enemigo de los que se han propuesto salir del montón; así lo entiendo porque muchas veces me ha tocado ver que aquellos, en apariencia incansables y exitosos hombres y mujeres, simplemente abandonan la lucha, se dejan vencer por la murria y la mediocridad de quienes los rodean.

Desgastante, porque siempre hay que estar cuidando hasta el mínimo detalle de lo que se dice y se hace, pues siempre habrá gente a la caza de los errores para tomarlos como punto de destrucción; finalmente, todos somos seres humanos, por fortuna imperfectos, pues esa característica es el principal motor para movernos hacia horizontes con mejores perspectivas.

Nuestra libertad se ve limitada en el momento que nos damos cuenta que vivimos entre otros y, la mayor de las veces, para otros; entre los primeros, hay gente que se encuentra al pendiente de la vida de los demás, con ello confirmando lo mediocre de su propia existencia, tratando de arruinar amistades que ellos no supieron hacer, malinterpretando deliberadamente las palabras con tal de pretender dañar o querer tener siempre una razón que tampoco supieron trabajar. Con respecto a los segundos, ellos son en el mejor de los casos la motivación de nuestra existencia, la razón por la que a toda costa intentamos reprimir el cansancio.

Pero ese largo y sinuoso camino, y a veces contra corriente, termina por flagelar el ánimo, momentos cruciales en donde se piensa mandar al demonio a todo y a todos, gritarles que no podemos ser parte de esa indolencia propia de la época; restregarles en la cara la necesidad de que se muevan antes de que el destino los alcance; hacerles entender que ellos tienen una vida que están miserablemente perdiendo en nimiedades ajenas, en lugar de atender ese tesoro que inexorablemente transcurre, como lo es el tiempo.

El cansancio poco a poco va minando nuestros ánimos, y aunque hacemos todo el esfuerzo por no claudicar, estamos seguros que tarde o temprano la tarde llegará; pero seguimos adelante, aún en contra de aquellos que día con día ponen piedras en el camino, limando la mala fe de los “amigos” que sabemos descontextualizan con la finalidad de dañar.

A estas alturas, para muchos de mi generación, lo único que nos queda es seguir adelante, con la cabeza bien levantada, pues sabemos que el tiempo, citando a Eduardo Couture, se venga de las cosas que se hacen sin su colaboración; el desaliento no debe cansarnos.

Las palabras se las lleva el viento, pero mi pensamiento escrito está.

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