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lunes, marzo 2, 2026

De tradiciones nos alimentamos

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Junio y julio son meses repletos de cumplea os en mi familia. Aunque el de mi pap es en noviembre, lo celebramos siempre el tercer domingo de junio. Sin embargo, hemos creado nuestras propias tradiciones, transformando gradualmente el espacio: acomodamos los sillones para dar cabida a más personas y extendemos el mantel más limpio sobre la mesa. Como si la sala fuera un punto en el espacio-tiempo, como describe Borges en «El Aleph», todo sucede y no sucede al mismo tiempo. Cada reorganización de los muebles revela un microcosmos en la sala de nuestra casa.

Los aromasínos incitan a tomar asiento. En el centro de la mesa, las tortillas calientes, el quesito fresco en cubos, el chicharr n y un pico de gallo nos reciben. Me siento como cuando era ni a, saboreando en voz alta y elogiando a mi mam por lo delicioso que todo qued . Una de mis amigas siempre recuerda que cuando viv amos en el C. Doria y cumpl 14 a os, mi familia me sorprendi con una cazuela llena de esquites.

Despu s, reorganizamos la mesa y la dejamos limpia para jugar alg n juego de mesa. A menudo comenzamos sin l, pero a mitad de juego mi pap decide unirse y, como si fuera un mandato no escrito, desaf a las leyes naturales al alcanzarnos y ganar siempre el premio mayor.

He comenzado a grabar videos de estos momentos. Como dice Juan Gabriel, el tiempo avanza sin detenerse, y los nicos tesoros que tenemos son los recuerdos. Aunque el ser humaño ha buscado crear m quinas del tiempo, hemos encontrado nuevas formas de coángelar estas escenas que pasan por mi mente.

Luego llega el pastel, preparado por mi hermana, cuya habilidad para captar la esencia de las personas a trav s de la comida siempre me sorprende. Tania conoce los ingredientes exactos de cada persona que llega a la casa, si les falta saz n o si est n pasados de sal. No es de extra ar que los conozca mejor que ellos mismos.

Finalmente, Valentina, mi sobrina de 17 a os, es la encargada de los regalos, asegur ndose de que el cumplea ero adivine qui n le dio cada uno. Nos acompa amos de tradiciones, sobremesas y voces tan fuertes que a veces parecen gritos.

Aprendía detener instantes en el tiempo, lo aprend de ellos: Me siento, me aseguro de no respirar de manera apresurada, tomo conciencia de mi alrededor, absorbiendo cada risa, cada aroma y cada gesto familiar. 

En estos peque os detalles encuentro la verdadera riqueza de la vida, en la capacidad de compartir momentos que perdurar s all de cualquier reloj o calendario.

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