ESPEJOS DE LA REALIDAD
Debía llegar con la señora Olga para almorzar con ella. Rápidamente paré un taxi y, junto con mi mamá, nos subimos. El conductor, un señor mayor, nos preguntó a dónde íbamos. Al contestarle, empezó a expresar su orgullo por el triunfo de Morena en las elecciones, asegurando que nadie más había ayudado tanto a las personas.
Mi mamá, con una opinión diferente, dijo que esos apoyos ya existían, solo con otro nombre, y que los datos de seguridad no eran favorables para este gobierno. El conductor, ignorando a mi madre, continuó diciendo que estaba feliz de que «esas ratas corruptas del PRI» estuvieran fuera, que el «fantasma del PRD» perdería su registro y que los «pendejos del PAN» tendrían el rabo entre las patas. Al final, nos cobró 50 pesos, le agradecimos y nos bajamos.
Parecería que la gran incógnita es la siguiente: ¿Por qué Morena arrasó en las elecciones? Por supuesto que una interacción no es suficiente para crear una justificación absoluta, pero parecería que ningún analista (o muy pocos) se imaginó el nivel de derrota que se presenció, por lo que vale la pena reflexionar e inclusive aprender sobre lo sucedido a través de estos puntos:
- La imagen de Andrés Manuel López Obrador: La popularidad y el carisma de AMLO han sido fundamentales. Su estilo cercano y su narrativa de lucha contra la corrupción han generado una base sólida de apoyo que se traduce en votos para Morena; parecería que no podemos separar a la idea del creador.
- Hartazgo de los partidos tradicionales: La corrupción, el nepotismo y las promesas incumplidas del PRI, el PAN y el PRD han generado un profundo desencanto. Este descontento llevó a muchos a buscar una alternativa real en Morena.
- Impacto de los programas sociales: Si bien la «opiniocracia» dio por hecho que Morena ganó solo por los programas sociales, vale la pena revisar cómo las becas y apoyos directos han tenido un efecto real en la vida de muchas personas.
- Falta de autocrítica de la oposición: La oposición no ha logrado articular una propuesta sólida. Han pecado de querer sentirse seres superiores y no aprender de sus errores, como mencionó Javier Peralta en su texto “La soberbia no es buena consejera en política”.
Todavía se pueden reflexionar muchos más puntos, pero así como les pasó a los partidos de oposición, será tarea del partido en el poder no ahogarse en sus logros, no vanagloriarse ni querer modificar sin sentido las leyes.
La incompetencia no debe ser premiada con una mayoría calificada. Es primordial recordar que el bienestar de la ciudadanía debe ser la prioridad. El enfoque debe estar en trabajar de manera efectiva, escuchar a la gente y corregir el rumbo cuando sea necesario, para evitar caer en los mismos errores que llevaron a la oposición a su declive.




