Espejos de la realidad
Hace poco volv a escribir a mano. No es que antes no lo hiciera, pero esta vez fue distinto: una necesidad. Como si despu s de tanto consumo, necesitara trazar una l nea que me separara, o me reuniera con algo que hab a olvidado. De hacer curadur a personal.
No s si empez en Chicago. Caminaba sola por calles donde nadie me conoc a, y de pronto alguien me ofrec a una mermelada artesanal, me contaba c mo se descompuso su refri, o me preguntaba de qu parte de M xico era. Compraba ajos, escuchaba conversaciones ajenas, hablaba por tel fono con mi amiga mientras se me cayeron los huevos de la bolsa del mercado. No estaba pensando en ser productiva. Pero estaba despierta.
En alg n punto me encontr con un video titulado Creating a Digital Garden to End My Doomscrolling. Dec a que tomar notasíno es solo registrar. Es plantar, construir una red de referencias y asociaciones que te devuelven a ti misma. Un jard n digital como un ant doto contra la linealidad del feed. Contra el olvido inmediato. Contra la sobreestimulación que no deja sedimento. Un archivo emocional de lo que te import .
A la par, un reel de Mar a Bottle me record lo otro: que lo que nos toca no siempre viene de libros subrayados. A veces es un beso de peda que no sabemos c mo nombrar. O una frase suelta que se nos mete. Me qued pensando en eso: en c mo se entreteje lo vivido y lo pensado. Lo culto y lo vulgar. Lo que parece m nimo y lo que parece elevado. Y me pareci evidente que el criterio ya no puede ser jer rquico. Tiene que ser afectivo.
Desde entonces, estoy intentando hacer algo simple pero dif cil: anotar lo que me detiene. No para volverlo contenido. Solo para no olvidarlo, yo conoc a alguien que le dec a su de vez en cuando a su libreta, se tomaba un tiempo para escribir, que es lo mismo decir tomarse un tiempo para sentir. Porque el olvido no es inocuo: borra tambi n lo que pensamos, lo que sentimos, lo que podríamos haber elaborado si no hubi ramos pasado a lo siguiente.
Lo que me interesa ahora no es llegar a una gran idea, sino poder habitar mis preguntas. Aceptar que no siempre hay una postura clara. Y escribirlo. Quedarse ah un rato. Escuchar.
Los apuntes, incluso los más torpes, empiezan a decir algo más que lo que dec an solos. Una especie de conversación interna con mi yo de hace tres días. Como si en el acto de mirar atr s encontrara una forma de presente extendido.
He notado que lasínotas más valiosasíno son las que nacen del esfuerzo, sino las que aparecen despu s de caminar, de ir al mercado, de hablar por tel fono sin esperar nada.
No hay que inventarse una postura definitiva. A veces escribir no es más que una forma de no irnos con todo. De mirar por segunda vez. De no tragar entero lo que el algoritmo nos da.
Por eso estoy haciendo esto. No para tener raz n, ni para enseñar nada. Solo para ejercitar una manera de estar. Para afinar la escucha, para no vivir todo hacia fuera.




