LAGUNA DE VOCES
no se amarga la vida con estos políticos marrulleros, que un día se abrazan y dan palmadas en la espalda como si fueran los grandes amigos desde la infancia para, al rato, lanzarse dardos envenenados con su verdadero rostro, el del odio, el de la revancha, el que siempre tuvieron pero que nos negamos a ver desde esa primer sima fila que otorga el quehacer period stico. Porque esta rara, a veces absurda relación del trabajo de informar con los que tienen en sus manos el poder, sea político o en el manejo de multitudes de obreros, campesino y obreros, establece una ruta en la que, tarde o temprano, asiste la desilusi n al estrado donde se hacen p blicos los arrepentimientos.
Son simples humanos, igual que uno, a los que otorgamos un halo de santidadíall cuando ramos j venes, pero que enfrentaron la temible realidad del que tiene la oportunidad de cambiar ciertas condiciones que parec an eternas, en una población como la Hidalgogoguense, pero al final sucumben a sus muy personales y humanas ambiciones.
Pareciera que en los terrenos de las cosas concretas, ning n ser humaño está capacitado para decidir el futuro de sus semejantes, porque se desata un mecanismo misterioso cuando alguien es investido con la capacidad de ordenar acciones que tienden a realizar lo que sea necesario por el bienestar com Eso es: por el bienestar com ! El problema es que, a la fecha, nadie ha podido definir en qu consiste ese bienestar com .
As , en cualquier diminuta oficina es nombrado, o nombrada, un nuevo titular a quien se le reconoce su calidad humana, su impecable honestidad, y un profundo don de mando que nunca ha ofendido a nadie.
Pasan apenas unos meses, y de aquel o aquella no queda casi nada, si no es que absolutamente nada, como no sea una persona que aprendi a paso veloc simo la forma de hacerse ver como el fiel de la balanza, que inclina la historia de la mismásima humanidad hacia un lado, u otro.
Saben que nada cambiar , incluso tal vez nunca cometan el simple y absurdo pecado de la deshonestidad, del enriquecimiento inexplicable, pero s de la soberbia, de olvidarse de su finitud existencial, de que todo ser tan ef mero que, de darse cuenta, estar an espantados.
Sucede a todos.
Y no lo ven, casi nunca lo ven, solo los que observan, que de pronto tambi n tienen la temeraria actitud de envolverse en la bandera a alg n poderoso o alguna poderosa, porque esa ambición de la trascendencia comprada, en contadas ocasiones ganada, se contagia.
no y otro caminan hacia los lugares propios de la una y mil veces mencionada soberbia. Uno y otro se descubren, de repente, perdidos en una tierra de la que no conocen nada.
Finalmente lo nico que queda es la desesperanza, porque todo qued igual o peor, y porque la vida se ha ido tan, pero tan r pido, que pareciera ya no quedar espacio ni para la esperanza.
Hasta que no mira y escucha a los j venes que piensan, que escriben con la vocación y voluntad por simplemente entender a sus semejantes, sin discursos políticos, sin nada de eso que tanto abunda. Y, luego entonces, renace la esperanza, la aut ntica esperanza que, despu s de todo, ser amos sin tener sue os?
Mil gracias, hasta ma ana.
@JavierEPeralta
Una vida sin sue publish


