ESPEJOS DE LA REALIDAD
Como una pintura nos iremos borrando, > como una flor hemos de secarnos sobre la tierra, > cual ropaje de pluma del quetzal, del zacuan, > del azulejo, iremos pereciendo. > — Nezahualcóyotl
En náhuatl no existe la palabra poema. Los antiguos nahuas decían In xochitl in cuicatl: flor y canto. Era un difrasismo, una figura que une dos términos distintos para producir un sentido nuevo, algo que no es ni la flor ni el canto por separado, sino lo que nace de su unión: la belleza, lo trascendente, la verdad que no se puede decir de otra forma.
Para los nahuas, la poesía nunca se concibió como un texto en soledad. Se vivía de verdad, era un acto colectivo y ceremonial. Se trataba de sostener esa palabra que se escapa, de buscar un lugar en la tierra antes de que el tiempo nos borre. Como rescata Birgitta Leander en sus estudios sobre la literatura náhuatl: si la muerte es el único destino seguro, que al menos queden flores y cantos para decir: estuvimos aquí.
Escribir hoy, en un mundo que también se va borrando a pedazos, es un poco eso. Buscar el difrasismo que nos permita nombrar lo que nos pasa, recoger los pétalos de lo que ya no está y transformarlos en algo que resista.




