PEDAZOS DE VIDA
n día despert dentro del cubo. Tantas veces hab a escuchado de este lugar, pero nunca se hab a atrevido a llegar. El estado de inconsciencia y consciencia de lo que algunos le llaman ensue le causaba un terror injustificado, justo cuando comenzaba a darse cuenta de que estaba por ingresar, ca a en los profundo de un abismo y abr a los ojos para darse cuenta, en medio de un revoltijo de cobijas y s banas, que estaba so ando.
Aquella ocasi n despert dentro del cubo, no hubo recuerdo de alguna situación previa, no hubo temor ni consciencia, s lo despert y estaba ah : dentro del cubo, en un espacio donde todo era posible, donde no hab mites, un lugar en el que el placer era instant neo al momento de abrir los ojos, no hab a nada más contradictorio que la saciedad y el sentimiento de querer más a pesar de estar al borde, de estar llenos pero con ganas de más. S , ganas de todo y saciando todo, y cuando digo todo, es todo.
Mientras avanzaba por el laberinto de placeres, recorri por dentro gran parte del cubo, sin embargo, pronto la nostalgia se hizo presente, luego la rabia, luego el remordimiento, lleg el cansancio y tambi n las l grimas, no pudo avanzar más por el espacio que se ensombreci de pronto, se dej caer en el piso y cuando abri los ojos despert en su cama, h meda por los fluidos y a punto de ser embarrada de excremento. Sinti ganas de ir al ba o, se levant muy r pido y al final, al abrir la puerta nuevamente estaba en el laberinto, junto a una taza de ba o pero dentro del espacio que tanto placer le daba.
Tras hacer sus necesidades, ni siquiera fue necesario limpiarse el culo, el retrete se encarg de todo. Sigui adelante, sin necesitar incluso la pijama orinada ni la cama sudada que hab a dejado en la habitación, ni siquiera se hab a dado cuenta de que no vest a ropa interior, su camiseta de manga corta era todo lo que lo separaba del exterior con su humanidad.
n día ya no fue necesario despertar, segu a recorriendo el laberinto contenido en un cubo extasiado por el placer y acosado por la culpa, extasiado por tenerlo todo sin control y consumido por la pena, esa pena que no es más que soledad materializada en miedo.
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