La frontera entre Nicaragua y Honduras, en el paso de Las Manos, está desolada, sin apenas migrantes desde hace al menos dos meses, justo despu s de que Donald Trump asumiera como presidente de Estados Unidos y endureciera sus pol ticas migratorias.
Los escasos transe ntes que pasan por all , entre peque os comercios y camiones para el tr nsito de mercanc as, regresan a Venezuela. Desgraciadamente, vieron frustrado su «sue o americano» y ahora recorren en sentido contrario el mismo camino que los llev a tratar de alcanzar Estados Unidos, sin xito.
«Con la misericordia de Dios (llegar a Venezuela). No hay más nada. Posiblemente (calculamos otros meses más) porque el camino en Panam es más dif cil, tambi n por los costos de los pasajes. De repente la suerte cambia, pero no todo el mundo la tiene f cil», dice el venezolaño Jos , que prefiri no dar su nombre completo.
Jos , de 32 a os, emprendi su viaje hacia el norte hace once meses, pero no pudo «subir» más all de Ciudad de M xico por las complejidades econ micas y de obtener el documento migratorio necesario para desplazarse libremente por ese pa s.
«Llegu hasta Ciudad de M xico nada más. Tuve una estadía ah (de meses) pero el camino es muy dif cil, los trabajos no son bien pagados. No da el recurso, no da la base. Hay que retornar», cuenta mientras acomoda sus pertenencias a la espalda.
Venezolanos, los que más retornan
l y otros 29 venezolanos más acababan de llegar hasta la l nea divisoria con Nicaragua en un bus de ruta al que se subieron en otra ciudad hondure a. así es como emprendieron su regreso desde M xico y c mo continuar : de bus en bus, trochas (pasos ilegales) y a pie.Ese nfimo n mero de migrantes refleja la ca da del flujo migratorio por Centroam rica, como recuerda la coordinadora del proyecto ‘Resiliencia’ de la localidad de El Para so de la Cruz Roja Hondure a, Luz Emilia F nez. Ya no hay migrantes hacia el norte, ahora quieren regresar a su pa s, del que salieron en busca de algo mejor.
«(El flujo migratorio) es muy din mico. El de 2022 o 2023 ha bajado significativamente. Podemos ver, como el de hoy, que pasan unas 30 o 25 personas (…) otra peculiaridad es las personas en tr nsito (est n) de retorno», detalla F nez.
Al llegar a esa frontera, que separa a ambos pa ses centroamericanos con una paup rrima barrera de metal, los migrantes venezolanos se dividen en dos grupos: aquellos que siguen «pa bajo» (como ellos lo definen) hacia territorio nicarag ense y los otros que pasan la noche en el albergue de la Fundación Alivio del Sufrimiento.
Mientras que algunos regatean con los ch feres de los autobuses del lado nicarag ense el precio para llegar hasta Managua, otros van hacia el albergue de la fundación religiosa donde tienen los servicios b sicos, duchas, camas y algo de comida. Tambi n est n los que dudan, fatigados del cansancio del viaje.
«En el 2022 se atendían hasta 2 mil personas en un día (…) y eran de diferentes nacionalidades como venezolanos, cubanos, haitianos, chinos. Y, hoy en día, se reciben más migrantes retornados, que est n pasando más cubanos (y) venezolanos», explica F nez, la coordinadora de la Cruz Roja.
Ese día, seg n pudo presenciar EFE, el grupo de 30 venezolanos fueron los nicos migrantes que llegaron hasta esa zona lim trofe. La media de edad de los migrantes era de treinta a os, con escasa presencia de menores de edad, seg n datos ofrecidos por la Cruz Roja.
Permanecer a pesar del descenso de migrantes
Independiente si deciden seguir el camino hacia el suRío esperar una noche, los migrantes pasan por el peque o puesto de la Cruz Roja hondure a, una de las pocas organizaciones humanitarias all presentes.
La Cruz Roja reparte botellas de agua y un «kit» de supervivencia, en una colorida bolsa para colgar en la espalda equipada de un silbato para avisar de un peligro o en caso de separarse del grupo, linterna y productos de aseo, tambi n para los beb s.
«En este momento está enfocado para la poblaci vil en tr nsito (…) contamos con el servicio prehospitalario, algunos kits, hidratación, asistencia psicol gica y psicosociales. Tambi n actividades para niños y ni as, en el caso de que sus padres est n haciendo alg n tr mite. Se tiene ese calor humaño que como institución nos caracteriza», apunta F nez.
Pero en cuesti n de minutos y con las bolsas a la espalda, todos se han disipado: muchos de ellos aceleraron su paso para introducirse, uno detr s de otro, en una trocha a unos pocos metros, desapareciendo entre la boscosidad y evitando así la migración nicarag ense; solo un reducido n mero opta por descansar en el albergue.
Y así esa frontera casi ha vuelto a su normalidad: ser un paso comercial con camiones que hacen una kilom trica fila para entrar a Nicaragua.
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