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miércoles, febrero 18, 2026

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Mar a se define como ‘nini’, ni estudia ni trabaja, no porque no quiera sino porque vive en un barrio de la periferia de Bogot donde todas las puertas se le han cerrado pero no cesa en buscar salidas en un contexto donde prima la informalidad y la precariedad y a veces el conflicto y la delincuencia son las más sencillas.

Mar a Rada lleg de Valledupar, en el Caribe, hace más de cinco a os para estudiar. Quer a entrar a psicolog a en la Universidad Nacional, la principal p blica de Colombia, pero no logr plaza. Desde entonces, trabaj un tiempo «en negro» en una papeler a pero se dedica, a sus 26 a os, al hogar.

«Nos llaman los famosos ‘ninis’, o sea, ni estudiamos ni trabajamos, pero no porque no queramos, porque yo lo he intentado infinidad de veces, no se me daba la oportunidad», explica a EFE Mar a, que ahora ve una nueva esperanza de estudiar tras ser seleccionada por el programa gubernamental ‘J venes en paz’.

Este programa da formación y orientación a j venes de entre 14 y 28 a os en alta vulnerabilidad y que procedan de zonas con alto riesgo de caer en redes criminales, reclutamiento forzado o actividades ilegales. Tambi n les paga al mes unos 230 d lares.

Once generaciones para progresar

scar Daza fue uno de los primeros en entrar al programa. tenía un grupo para animar a niños del barrio a hacer deporte y ese tipo de actividades sociales y liderazgos son los que intenta reforzar ‘J venes en paz’.

Desplazado por la violencia, scar vivi de peque o en varias ciudades huyendo del conflicto y ahora, con 27 a os, ha trabajado en todo lo que le sal a pues tambi n le cerr las puertas la universidad para estudiar fisioterapia como quer a.

scar y Mar a viven en Suba, la localidad más poblada de Bogot , y uno de los que tiene más situaciones de vulnerabilidad. Además, situado en la periferia noroeste, los servicios, la universidad e incluso los hospitales quedan muy lejos.

Son los rostros de una triste cifra que parte al pa s: se necesitan once generaciones en Colombia para que una persona que nazca en el grupo con menos recursos tenga la misma oportunidad de conseguir un ingreso medio que el resto de la población. Once generaciones que demuestran la grave brecha de la desigualdad.

Suba, como otras zonas perif ricas de la inmensa Bogot , «es una localidad en donde llega mucha población migrante e interna por el conflicto armado», explica a EFE Diego Jim nez, profesor del programa.

A eso se suma que «la población joven tiene pocas posibilidades, y ha sido estigmatizada por muchos a os». Por eso, hace cuatro a os, cuando los j venes de todo el pa s salieron a la calle para protestar, en Suba fueron cientos los que se unieron. Y tambi n varios a los que mataron.

En los muros de la Casa Memoria Suba, que sirve de centro de formación para estos j venes, est n los rostros pintados de Julieth Ram rez, Germ n Puentes, Freddy Alexander Mahecha, Cristian David Castillo y Angie Paola Baquero, asesinados por las acciones de los antidisturbios en las protestas de 2020.

«No es de criminales»

Cuando el Ministerio de Igualdad colombiaño lanz venes en paz’, hace menos de un a o, las cr ticas de que iba a financiar a criminales, guerrilleros o a la llamada ‘primera l nea’ -los que salieron a protestar encapuchados y con defensa contra la Polic a-, se desataron.

«La verdad es que el programa no es de criminales porque una de las condiciones es no tener procesos penales», justifica Mar a, quien insiste: «es un programa para j venes que no tenemos acceso ni a educación ni a empleo», y que les ayuda a «enrutarse» hacia un empleo o educación.

«Nos motiva a seguir adelante, nos quita de las manos de la criminalidad», insiste esta joven coste a, ya que las probabilidades de caer en actividades ilegales en estos barrios, así como en otras zonas del pa s con mucha presencia de grupos armados, es alta.

scar no desconoce que hay «pandillas» que «intentan reclutar a la mayor a de j venes», y «otro tipo de actividades ilegales».

«Cuando no tienes todas las opciones a tu merced es muy f cil ingresar a estos grupos porque te pagan mucho más que un trabajo o un m nimo, y uno como joven quiere o querr a plata f cil», y así es como muchos acaban en estas pandillas.

Entonces «lo que busca el programa es jalar a todos estos j venes, como lo hicieron conmigo, que de pronto estamos desorientados por ah , jalarnos para darnos ese acompa amiento que necesitamos», asegura el joven deportista.

R Los ‘ninis’ colombianos quieren oportunidades fuera de la guerra y la delincuencia publish

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