Por: Catalina Hermosillo Durán
En la Iglesia de la Asunción de María, en el centro de Pachuca, en la cual fue cura Mariano Matamoros, prócer de nuestra Independencia, durante tres años de 1799 a 1802; ayer 02 de febrero, Día de la Candelaria, se dieron cita cientos de católicos para que el sacerdote no solo bendijera las imágenes sino con la esperanza que esa agua bendita que el padre con alegría rocía en las imágenes y personas les lavara sus penas: sean sentimentales, económicas o de salud, o por lo menos, disminuyan.
Después de leer a San Lucas, el cura explicó que María y José presentaron a Jesús en el templo a los cuarenta días de haber nacido, como lo marcaba la Ley de Moisés. El día que presentaron a Jesús en el templo estaba en ese sitio Simeón y Ana, él ya era anciano y orando en voz alta dijo: “Señor, ya puedes dejar morir a tu siervo pues ya he visto a Nuestro Señor, tal como se lo habías prometido”.
Antes de entrar a escuchar estas palabras antiguas, los católicos: ancianos, jóvenes o niños, hombres o mujeres, solos o con sus familias hicieron fila para entrar a la iglesia por alrededor de una hora, por tandas, cargando a Niños Dios enormes, medianos o pequeñitos, hechos de yeso, madera o fibra de vidrio; vestidos de San Judas Tadeo, San Juan Diego, como un ángel, o con ropones de distintos colores; pálidos, negros o blancos sonrosados. Algunas personas en la espera los mecían como si fueran de carne y hueso y les acomodaban la coronita, los huaraches o su cobija.
Los vendedores ofrecían flores, veladoras o semillas. Adentro, la Virgen de la Asunción, San Antonio, San Martín de Porres, la pintura del universo realizado por Jesús Becerril con su cohete cerca de un planeta, recibieron a los católicos con sus penas o alegrías y en el ambiente de la iglesia encontraron paz por unos instantes este Día de la Candelaria.



