{"id":79290,"date":"2019-02-22T16:36:35","date_gmt":"2019-02-22T16:36:35","guid":{"rendered":"http:\/\/plazajuarez.mx\/index\/index.php\/2019\/02\/22\/el-pepenador\/"},"modified":"2019-02-22T16:36:35","modified_gmt":"2019-02-22T16:36:35","slug":"el-pepenador","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/plazajuarez.mx\/historico\/el-pepenador\/","title":{"rendered":"\u201cEL PEPENADOR\u201d"},"content":{"rendered":"<p>\u00a0<\/p>\n<p>Don Ceferino, un pordiosero, viv\u00eda hasta el cerro, en el barrio El Arbolito, en una casita de madera con techo de cart\u00f3n. Le hab\u00eda improvisado una barda con piedras sobrepuestas, no contaba con luz el\u00e9ctrica, ni agua potable, ni ning\u00fan otro servicio. Don Ceferino no ten\u00eda familiares, solamente lo acompa\u00f1aba un perro blanco con manchas negras, llamado \u201cSato\u201d, que cuando era cachorrito, se lo encontr\u00f3 en el basurero, se lo llev\u00f3 a su casa, lo cuid\u00f3 y le dio de comer. As\u00ed el perro fue creciendo acostumbr\u00e1ndose a \u00e9l. Por las tardes, cuando don Ceferino llegaba a su casa, el can no dejaba de ladrar, brincaba de gusto corriendo de un lado a otro, y se revolcaba en la tierra.<\/p>\n<p>  <!--more-->  <\/p>\n<p>Don Ceferino era bajito de estatura, de barbas y cabello largo, y le faltaban los dientes. Era viejo y caminaba con dificultad. De joven trabaj\u00f3 en la mina de San Juan \u00a0Pachuca. Ah\u00ed un carro de mina lo atropell\u00f3 en los t\u00faneles y le quebr\u00f3 una pierna; lo operaron pero ya no qued\u00f3 bien. Cuando los capitanes de la mina vieron que rengueaba, lo dieron de baja sin \u00a0darle un solo centavo de indemnizaci\u00f3n, y por su defecto f\u00edsico no encontraba trabajo en ninguna parte. Don Ceferino, para ganarse la vida se meti\u00f3 de pepenador; juntaba papel y cart\u00f3n, y los vend\u00eda por kilo. Todos los d\u00edas, muy temprano, bajaba a los dep\u00f3sitos de basura buscando lo que le diera el sustento del d\u00eda. Don Ceferino vest\u00eda una gorra de estambre que le cubr\u00eda las orejas, con un saco negro y largo, que por el tiempo, la tierra, la mugre que ten\u00eda, parec\u00eda de varios colores. Su pantal\u00f3n era del mismo color del saco, tres veces m\u00e1s grande que su talla, y lo llevaba amarrado con un lazo para que no se le callera. Calzaba zapatos viejos, grandes, con agujeros por donde se le sal\u00edan los dedos.<\/p>\n<p>Al ver a don Ceferino cargando su costal, les produc\u00eda miedo a los ni\u00f1os, quienes corr\u00edan a sus casas llorando, porque sus padres les hab\u00edan dicho que era el viejo del costal, y si se portaban mal se los iba a llevar. Don Cefe, como le dec\u00edamos en el barrio, dej\u00f3 de tomar pulque porque ya no le hac\u00eda nada, ni siquiera lo atarantaba. Se acostumbr\u00f3 a tomar ca\u00f1a (que es un aguardiente muy fuerte). Cuando andaba borracho se iba de un lado a otro, sin soltar el costal que le serv\u00eda de contrapeso para no caer.<\/p>\n<p>Los muchachos grandes, que no le ten\u00edan miedo, le aventaban piedras; \u00e9l los correteaba y se las regresaba. Una vez, al tirar una piedra a los muchachos que lo hac\u00edan enojar, le peg\u00f3 en la espinilla a do\u00f1a Ramona, una se\u00f1ora de mal car\u00e1cter, la m\u00e1s peleonera del barrio. Don Cefe, a pesar de que estaba borracho se hizo disimulado, camin\u00f3 r\u00e1pido, como si nada hubiera pasado, pero fue alcanzado por la se\u00f1ora, quien lo tom\u00f3 del cuello del saco y lo levant\u00f3:<\/p>\n<ul>\n<li>Oigame, recabr\u00f3n, f\u00edjese c\u00f3mo avienta las piedras. No las tire a lo pendejo, ya me abri\u00f3 la espinilla.<\/li>\n<\/ul>\n<p>Don Cefe, parado de puntitas, trataba de zaf\u00e1rsele a la se\u00f1ora, meneando el cuerpo para todos lados, sin soltar su costal.<\/p>\n<ul>\n<li>\u00a1Su\u00e9lteme, se\u00f1ora! No me obligue a darle un chingadazo.<\/li>\n<\/ul>\n<p>La se\u00f1ora enojada, lo avent\u00f3 y don Cefe cay\u00f3 al suelo.<\/p>\n<ul>\n<li>\u00a1Pinche viejo pendejo!<\/li>\n<\/ul>\n<p>La se\u00f1ora Ramona, haciendo gestos de dolor, se sobaba la espinilla, ech\u00e1ndose saliva, mientras que don Cefe se levant\u00f3 y se le enfrent\u00f3.<\/p>\n<ul>\n<li>Le dije, pinche ruca, que no se metiera conmigo. \u00a1La voy a madrear! Nada le hace que me se\u00f1alen como un cobarde.<\/li>\n<\/ul>\n<p>Do\u00f1a Ramona le dio una cachetada, que el viejo rod\u00f3 por el suelo. La se\u00f1ora se alej\u00f3 diciendo palabras entre dientes. Don Ceferino qued\u00f3 sentado, sob\u00e1ndose el cachete. Jal\u00f3 su costal y se lo puso de almohada, muy tranquilo, se acost\u00f3 sobre \u00e9l, y se qued\u00f3 dormido. Poco despu\u00e9s pas\u00f3 por ah\u00ed Isidro, \u201cEl Chaparro\u201d, uno de sus vecinos.<\/p>\n<ul>\n<li>\u00a1\u00d3rale, don Cefe. P\u00e1rese y v\u00e1yase a su casa. Va a pasar la polic\u00eda y al verlo durmiendo en la calle, se lo van a llevar al bote; all\u00e1 lo ba\u00f1an con agua fr\u00eda para que se le baje la peda.<\/li>\n<\/ul>\n<p>Don Ceferino se enderez\u00f3, mirando para todos lados, y le dijo a su vecino:<\/p>\n<ul>\n<li>\u00bfD\u00f3nde est\u00e1 esa pinche vieja que me descont\u00f3 a la mala?<\/li>\n<\/ul>\n<p>\u201cEl Chaparro\u201d, sonriendo, lo levant\u00f3, le acomod\u00f3 el costal en el hombro, lo encamin\u00f3 a principio del callej\u00f3n, y suavemente lo empuj\u00f3:<\/p>\n<ul>\n<li>V\u00e1yase derechito don Cefe, recargado en la pared llega a su casa, nada m\u00e1s tenga cuidado de que no se le acabe porque se da en la madre.<\/li>\n<\/ul>\n<p>Dando un paso para adelante y dos para atr\u00e1s, y a veces a gatas, don Ceferino lleg\u00f3 a su casa; ah\u00ed lo recibi\u00f3 su perro \u201cEl Sato\u201d, que se par\u00f3 de manos y le lam\u00eda la cara.<\/p>\n<ul>\n<li>\u00a1Estate quieto, \u201cSato\u201d! \u00a1Aqu\u00ed te traigo tu comida! \u00a1Oh, con una chingada! \u00bfYa te est\u00e1s? O no te doy nada.<\/li>\n<\/ul>\n<p>Metiendo medio cuerpo al costal, el viejo busc\u00f3 un envoltorio, con mucho cuidado lo abri\u00f3 ante los ladridos del perro, que brincaba para quit\u00e1rselo, de en medio de los papeles sac\u00f3 un hueso y un mont\u00f3n de tortillas, las parti\u00f3 y las ech\u00f3 dentro de una cacerola, junto con el hueso.<\/p>\n<p>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0-\u00a1\u00d3rale, amigo! Ah\u00ed tienes tu comida. El caldo te lo debo.<\/p>\n<p>Mientras \u201cSato\u201d tragaba, don Ceferino destap\u00f3 la botella de ca\u00f1a, y le dio unos tragos. De pronto le dio un ataque de tos muy violento. Se estaba ahogando. Las venas del cuello parec\u00edan revent\u00e1rsele, y su rostro se puso entre rojo y morado. Poco a poco reaccion\u00f3.<\/p>\n<ul>\n<li>\u00a1Ah cabr\u00f3n! \u00a1Ummmmmm!<\/li>\n<\/ul>\n<p>El perro ladr\u00f3 y se le acerc\u00f3 al viejo, sin dejar de mover el rabo. Don Ceferino se compuso y como si entendiera, el animal le ense\u00f1\u00f3 la botella de ca\u00f1a, y le dijo:<\/p>\n<ul>\n<li>De esto no te doy, porque te vayas a empedar y luego andes echando pleito y te vayan a dar en la madre creyendo que tienes rabia. Mejor vamos a dormir, porque ma\u00f1ana hay que chingarle duro para sacar para el pipir\u00edn.<\/li>\n<\/ul>\n<p>Don Ceferino se qued\u00f3 dormido en una silla, y su fiel mascota se acurruc\u00f3 a sus pies. Al otro d\u00eda, con el costal a cuestas, don Ceferino bajaba por el empedrado callej\u00f3n. Su andar durar\u00eda toda la ma\u00f1ana y parte de la tarde, perdi\u00e9ndose entre las calles, agach\u00e1ndose para levantar el papel o doblando el cart\u00f3n, con los ojos hundidos por el hambre y por el cansancio. El anciano arrastraba su maltratado cuerpo. Despu\u00e9s de vender su producto, se acerc\u00f3 a una fonda.<\/p>\n<ul>\n<li>\u00a1Se\u00f1ora! \u00bfA c\u00f3mo da el caldo de pollo?<\/li>\n<li>A peso el plato.<\/li>\n<li>\u00bfLleva garbanzos y arroz?<\/li>\n<li>S\u00ed se\u00f1or; el caldo es de primera, con un ala le cuesta dos pesos y con huacal, dos cincuenta; aparte le doy tortillas y un vaso de agua.<\/li>\n<\/ul>\n<p>El viejo hizo un gesto, se busc\u00f3 en todas las bolsas, sac\u00f3 unas monedas y las cont\u00f3, una por una.<\/p>\n<ul>\n<li>Deme nada m\u00e1s el caldo de pollo.<\/li>\n<\/ul>\n<p>Sentado junto al costal, don Ceferino saboreaba la sopa. Su mano temblaba al llevar la cuchara a la boca, absorb\u00eda lentamente el l\u00edquido, como no queriendo acabarlo, porque estaba muy sabroso. Despu\u00e9s de pagarlo se dirigi\u00f3 a la cantina.<\/p>\n<ul>\n<li>Dame una copa de tequila y ll\u00e9name mi botellita de ca\u00f1a.<\/li>\n<\/ul>\n<p>Don Ceferino se ech\u00f3 sal en la mano, se bebi\u00f3 la copa de jal\u00f3n y se chup\u00f3 la sal. Guard\u00f3 la botella de ca\u00f1a en una de sus bolsas del saco, carg\u00f3 su costal en el hombro y sali\u00f3 de la cantina. Hab\u00eda caminado unas cuantas cuadras cuando, de pronto, se detuvo y tron\u00f3 los dedos.<\/p>\n<ul>\n<li>Ah, chinga, falta mi \u201cSato\u201d. Por poco y lo dejo sin comer.<\/li>\n<\/ul>\n<p>El Pepenador se meti\u00f3 a una carnicer\u00eda.<\/p>\n<ul>\n<li>V\u00e9ndame ese hueso que est\u00e1 all\u00e1.<\/li>\n<li>\u00bfCu\u00e1l?<\/li>\n<li>\u00c9se que est\u00e1 junto a la pierna de puerco.<\/li>\n<li>\u00bf\u00c9ste?<\/li>\n<li>\u00c9se mero.<\/li>\n<li>El hueso le sale en 6 pesos.<\/li>\n<\/ul>\n<p>Don Ceferino dej\u00f3 su costal y volvi\u00f3 a contar sus monedas.<\/p>\n<ul>\n<li>D\u00e9jemelo en tres, es lo \u00fanico que traigo.<\/li>\n<li>\u00bfPara qu\u00e9 quiere el hueso?<\/li>\n<li>\u00bfC\u00f3mo que para qu\u00e9? Es para mi perrito.<\/li>\n<li>Se lo voy a dejar en lo que trae, pero no sea pendejo, se\u00f1or, c\u00f3maselo usted, que parece cad\u00e1ver. Eche a su perro a la calle.<\/li>\n<\/ul>\n<p>Don Cefe agarr\u00f3 el hueso y lo meti\u00f3 en el costal, sonri\u00f3 meneando la cabeza, sac\u00f3 su botella de ca\u00f1a, y despu\u00e9s de darle algunos tragos, le dijo al carnicero:<\/p>\n<ul>\n<li>Mire amigo, se me hace que el pendejo es usted. Mi perro es el timbre de mi casa, el vigilante, es mi guarura, es el soldado que me ayuda a combatir mi soledad. Es un amigo que siempre est\u00e1 dispuesto a escuchar mis pendejadas, adem\u00e1s es muy discreto, es un compa\u00f1ero que siempre est\u00e1 conmigo, en las buenas y en las malas. Con \u00e9l divido mis penas y mis amarguras, es mi socio en alegr\u00edas, enfermedades y triunfos, amortigua mis iras, y frena mis angustias, me da la ternura del hijo, del hermano, que nunca tuve, es una esponja ante mis l\u00e1grimas. Con esto que le dije, me aconseja echar al perro a la calle. Esto es no tener madre.<\/li>\n<\/ul>\n<p>Don Ceferino sali\u00f3 de la carnicer\u00eda y sigui\u00f3 su camino. Al pasar frente a la iglesia de La Asunci\u00f3n se persign\u00f3 varias veces, inclinando la cabeza, despoj\u00e1ndose de su gorra de estambre, y se sent\u00f3 en una de las bancas que est\u00e1n afuera en el jardincito. Las l\u00e1grimas estaban a punto de brotarle, record\u00f3 que hac\u00eda muchos a\u00f1os, \u00e9l mismo hab\u00eda salido de la puerta del templo del brazo de Mar\u00eda, su esposa, que ese d\u00eda llevaba un vestido blanco que hac\u00eda juego con su piel morena; el vestido la hac\u00eda ver como mu\u00f1eca.<\/p>\n<p>La cara del viejo se ilumin\u00f3 con una sonrisa. Despu\u00e9s entristeci\u00f3. Con sus manos se limpiaba las gruesas l\u00e1grimas, producto de los crueles recuerdos.<\/p>\n<p>Para Ceferino era un d\u00eda muy especial, estaba muy contento, iba a nacer su primer hijo. Desde temprano lleg\u00f3 a su casa la comadrona del barrio. Las horas pasaron, y el ni\u00f1o no pod\u00eda nacer. Los gritos de dolor de Mar\u00eda, su esposa, se escuchaban a trav\u00e9s de la puerta del otro cuarto, donde Ceferino se paseaba de un lado a otro, muy nervioso.<\/p>\n<p>De momento se abri\u00f3 la puerta y sali\u00f3 la se\u00f1ora que la atend\u00eda; estaba sudorosa y agotada. Los gritos de Mar\u00eda se escuchaban m\u00e1s angustiosos.<\/p>\n<ul>\n<li>Tr\u00e1igame trapos limpios y agua caliente. El ni\u00f1o viene atravesado.<\/li>\n<\/ul>\n<p>A pesar de los esfuerzos de la comadrona, la complicaci\u00f3n del parto segu\u00eda.<\/p>\n<ul>\n<li>Vaya a buscar ayuda con alg\u00fan m\u00e9dico.<\/li>\n<\/ul>\n<p>Ceferino sali\u00f3 corriendo, desesperado, por varias partes de la ciudad, pidiendo, suplicando, que le fueran a atender a su esposa, pero ning\u00fan m\u00e9dico quiso hacerlo, porque viv\u00eda lejos y adem\u00e1s no ten\u00eda dinero. Regres\u00f3 a su casa y al abrir la puerta, vio a Mar\u00eda, su mujer, que lloraba amargamente, apretando en su pecho a su hijito muerto. Se le acerc\u00f3 y el llanto no lo dej\u00f3 hablar. Su mujer le estir\u00f3 los brazos, entreg\u00e1ndole el cuerpecito del ni\u00f1o. Ceferino lo recibi\u00f3 con las manos temblorosas, y escuch\u00f3 a su esposa, que con palabras entrecortadas, le dijo:<\/p>\n<ul>\n<li>\u00a1Ceferino, mi amor, el ni\u00f1o se nos fue\u2026!<\/li>\n<\/ul>\n<p>Mar\u00eda se qued\u00f3 callada. Esas fueron sus \u00faltimas palabras, pues muri\u00f3. Ceferino se dej\u00f3 caer de rodillas, sin soltar a su ni\u00f1o muerto, y as\u00ed permaneci\u00f3 por mucho tiempo. Despu\u00e9s, con el mayor cuidado, envolvi\u00f3 a la criatura con una cobija y coloc\u00f3 el tierno cuerpecito junto al cad\u00e1ver de su esposa.<\/p>\n<p>El ruido de los coches y los camiones que pasaban por el lugar, interrumpieron sus amargos recuerdos. Las l\u00e1grimas del viejo rodaron por sus mejillas, perdi\u00e9ndose en las solapas del mugroso saco. Destap\u00f3 su botella de ca\u00f1a, y se la tom\u00f3 de un jal\u00f3n.<\/p>\n<p>Lleg\u00f3 a su casa como de costumbre. Le dio de comer a su perro, platic\u00f3 con \u00e9l, y despu\u00e9s se qued\u00f3 dormido. Esa noche \u201cSato\u201d estuvo muy inquieto, no dejaba de aullar en la puerta de aquella humilde vivienda, presintiendo que la muerte hab\u00eda llegado por su amo. As\u00ed termin\u00f3 su existencia don Ceferino. A los dos d\u00edas de muerto, las autoridades se lo llevaron y lo echaron a una fosa com\u00fan. \u201cSato\u201d, su fiel perro, no lo dej\u00f3 ni un solo momento, y permaneci\u00f3 echado por muchos d\u00edas, sobre la tumba de don Ceferino. Hasta que un d\u00eda, tambi\u00e9n \u00e9l muri\u00f3.<\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\"> \u00a0<\/span><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>\u00a0 Don Ceferino, un pordiosero, viv\u00eda hasta el cerro, en el barrio El Arbolito, en una casita de madera con techo de cart\u00f3n. Le hab\u00eda improvisado una barda con piedras sobrepuestas, no contaba con luz el\u00e9ctrica, ni agua potable, ni ning\u00fan otro servicio. 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