{"id":7847,"date":"2015-07-10T05:00:00","date_gmt":"2015-07-10T05:00:00","guid":{"rendered":"http:\/\/plazajuarez.mx\/index\/index.php\/2015\/07\/10\/autociudad\/"},"modified":"2015-07-10T05:00:00","modified_gmt":"2015-07-10T05:00:00","slug":"autociudad","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/plazajuarez.mx\/historico\/autociudad\/","title":{"rendered":"Autociudad"},"content":{"rendered":"<p>Callej\u00f3n de Sombrereros<\/p>\n<p>  <!--more-->  <\/p>\n<p>Durante a\u00f1os, en la calle Cleveland, casi esquina con Holbein, en Mixcoac, estuvo estacionado un enorme autom\u00f3vil Galaxy gris. Tard\u00e9 en descubrir que le pertenec\u00eda a un hombrecillo de lentes que trataba de vestir con pulcritud un saco que apenas le quedaba, pantalones que se hab\u00edan encogido, de los que llaman de \u201cbrincacharcos\u201d, y corbata de mo\u00f1o. <br \/>Practicaba modales muy respetuosos cuando deambulaba para pedir \u201cuna ayuda\u201d a los peatones. Cuidaba su enorme auto con esmero. Nunca lo vi manejarlo; all\u00ed viv\u00eda y desapareci\u00f3 con \u00e9l. <br \/>Tambi\u00e9n el narrador de \u201cLa destrucci\u00f3n de todas las cosas\u201d, la novela de Hugo Hiriart, viv\u00eda en un autom\u00f3vil, en medio del \u201cpolvoriento paisaje mexicano con sus hileras de magueyes, sus milpas abandonadas y cerros pelones a lo lejos. En ese lugar hay un coche. Ya no funciona, por supuesto, los viejos motores de cuatro tiempos y combustible f\u00f3sil hace mucho que no se usan. Pero es relativamente grande y c\u00f3modo: se trata de una camioneta Datsun roja, modelo&#8230; No, no s\u00e9 qu\u00e9 modelo es. La parte de atr\u00e1s se hace cama doblando el asiento hacia adelante. Y tiene todos los vidrios. Las llantas est\u00e1n desinfladas, \u00bfa qui\u00e9n no deprime ver una llanta desinflada? Pero, en fin, en ese coche vivimos. Adentro podemos estar sentados, aunque no de frente uno al otro, y acostarnos. Ester, mi esposa, hizo unas cortinas para que el sol no le pegue a Sa\u00fal cuando duerme la siesta. Sa\u00fal es nuestro hijo de seis meses de nacido. No nos quejamos, a los dem\u00e1s les ha ido peor, mucho peor\u201d. <br \/>Quiz\u00e1 desde su invenci\u00f3n, el autom\u00f3vil propici\u00f3 un culto que pudo comenzar con el asombro y que parece haber vuelto legendarios nombres como Packard, Rolls Royce, Volkswagen o Porsche. La admiraci\u00f3n que produc\u00eda en muchos no la desgast\u00f3 la costumbre y el deseo de poseer una de esas m\u00e1quinas, como las llaman en Italia y en Cuba, con frecuencia no deja de acrecentarse en algunos; cuando han logrado adquirir una, anhelan otra. Hay quienes admiran un coche estacionado en la calle y quienes acuden a exposiciones y salones para observarlos con devoci\u00f3n. No faltan los que los coleccionan y guardan como una creaci\u00f3n milagrosa. Se organizan carreras que han ido formando ritos, que no prescinden de mujeres incitantes y un glamour peculiar, pero cuyo centro es el autom\u00f3vil que inexorablemente ha invadido la ciudad. <br \/>Sin mayor suspicacia, adivino que, en el principio, su aparici\u00f3n en las calles, entre caballos, carretas, trenes de mulitas, import\u00f3 un acontecimiento que se volvi\u00f3 com\u00fan y termin\u00f3 apoder\u00e1ndose de ellas. El hombre empez\u00f3 a \u201ccuidarse de que no viniera un coche\u201d y surgieron sem\u00e1foros para intentar ordenarlos. Las calles se volvieron insuficientes. El asfalto para los autos se fue haciendo mayor que el de las banquetas para los peatones. Se construyeron v\u00edas exclusivas para los autom\u00f3viles, vedadas a los caminantes y las ciudades se transformaron en funci\u00f3n de esas m\u00e1quinas. <br \/>Tambi\u00e9n alteraron los barrios, no s\u00f3lo por las calles que necesitan, sino que invadieron y acaso determinaron la arquitectura de las casas y edificios gan\u00e1ndole espacio al hombre (la cochera suele ser m\u00e1s grande que los dormitorios). Se convirtieron asimismo en un estigma. En cada zona de la ciudad proliferaron tipos de auto que identificaban a sus pobladores; en algunas abundaban los que se consideran lujosos, otras se distingu\u00edan por los que pretenden parecerse a los que se consideran lujosos, muchas por los que hacen felices a la clase media y no s\u00f3lo los arrabales por los autos usados. <br \/>Como la de los barrios, el autom\u00f3vil parece conformar la identidad de ciertas personas, que lo creen uno de sus atributos que merece presumirse, aunque muchos otros posean coches semejantes. Quiz\u00e1 por eso algunos lo adornan con peluche, el zapatito del ni\u00f1o, un rosario&#8230; <br \/>Suele creerse que el hombre maneja al auto. Sin embargo, la m\u00e1quina transforma con frecuencia a su supuesto conductor, que debido a su circunstancia adquiere rasgos de impaciencia, resignaci\u00f3n, desesperaci\u00f3n, ira&#8230; <br \/>Los autom\u00f3viles tambi\u00e9n envejecen, por lo que se crearon cementerios para ellos. Sin embargo, no dejan de proliferar y crecen no s\u00f3lo en n\u00famero, sino que se hacen m\u00e1s grandes, incluso monstruosos. Amenazan al hombre, al que se le proh\u00edbe fumar para que los coches exhalen sus gases t\u00f3xicos, invaden las banquetas para los peatones y el espacio que han ganado en los edificios se acrecienta; los estacionamientos son acaso m\u00e1s grandes que los departamentos y oficinas e incluso existen construcciones \u00fanicamente para autos. Conquistan el campo y la monta\u00f1a creando brechas que luego se convierten en el asfalto que necesitan. Quiz\u00e1 no est\u00e1 lejano el tiempo en que prescindan del humano que cree manejarlo, en el cual funcione de manera autosuficiente para seguir apoder\u00e1ndose de la tierra. <\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Callej\u00f3n de Sombrereros<\/p>\n","protected":false},"author":93,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[42],"tags":[],"class_list":["post-7847","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-nuestrapalabra"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/plazajuarez.mx\/historico\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/7847","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/plazajuarez.mx\/historico\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/plazajuarez.mx\/historico\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/plazajuarez.mx\/historico\/wp-json\/wp\/v2\/users\/93"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/plazajuarez.mx\/historico\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=7847"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/plazajuarez.mx\/historico\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/7847\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/plazajuarez.mx\/historico\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=7847"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/plazajuarez.mx\/historico\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=7847"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/plazajuarez.mx\/historico\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=7847"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}