{"id":73584,"date":"2018-11-07T14:38:48","date_gmt":"2018-11-07T14:38:48","guid":{"rendered":"http:\/\/plazajuarez.mx\/index\/index.php\/2018\/11\/07\/los-cortesanos\/"},"modified":"2018-11-07T14:38:48","modified_gmt":"2018-11-07T14:38:48","slug":"los-cortesanos","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/plazajuarez.mx\/historico\/los-cortesanos\/","title":{"rendered":"Los cortesanos"},"content":{"rendered":"<p>\u00a0\u00a0\u00a0 \u2022\u00a0\u00a0 \u00a0 Las moralejas del cuento son notorias. Apuntan unas a la vanidad o incapacidad de los gobernantes; otras a la sabidur\u00eda popular\u2028<\/p>\n<p>  <!--more-->  <\/p>\n<p>El cuento de Andersen &#8220;El traje nuevo del emperador&#8221;, tiene una narrativa conocida. Un vanidoso monarca gustaba de estrenar caros trajes. Dos pillos lo convencen de hacerle uno que, simult\u00e1neamente, ser\u00eda elegante y tendr\u00eda la peculiaridad de ser invisible para los tontos. Lo encomienda gustoso y paga mucho dinero. Con \u00e9l sale a desfilar a la calle. Todos lo admiran y elogian para no parecer tontos dada la consigna del rey. Un ni\u00f1o advierte finalmente la desnudez y el pueblo la comparte. El emperador contin\u00faa su marcha entre risas y burlas. Las moralejas del cuento son notorias. Apuntan unas a la vanidad o incapacidad de los gobernantes; otras a la sabidur\u00eda popular. Cualquiera que sea, hay otra posibilidad en clave pol\u00edtica que se encuentra en la parte intermedia del relato.<br \/>Para cerciorarse de no ser timado, el monarca env\u00eda a uno de sus ministros a constatar los avances de la obra. El personaje no ve elaboraci\u00f3n alguna. Los telares est\u00e1n vac\u00edos. Ante el temor de ser se\u00f1alado como tonto por quien le ha dado su cargo, regresa con su se\u00f1or y le describe el tejido de la manera como los falsos tejedores lo hicieron con \u00e9l. Nuevamente inquieto, el rey env\u00eda a otro miembro de su gabinete a explorar la obra y \u00e9ste procede en id\u00e9nticos t\u00e9rminos. El rey, temeroso \u00e9l mismo de sus propias decisiones, invita a varios cortesanos a admirar lo que ya deb\u00eda tener forma de vestuario. Al estar ah\u00ed, ni \u00e9l ni ninguno de sus acompa\u00f1antes ven nada. En una especie de folie de tous, los asistentes se convencen de la existencia de un algo del que ya depend\u00eda la raz\u00f3n de todos. El s\u00e9quito permiti\u00f3 a su majestad salir a la calle y hacer el rid\u00edculo. Al no haber sido capaz ninguno de quienes se hab\u00edan comprometido a protegerlo, de contradecirlo, y sostener una opini\u00f3n propia, terminaron lastim\u00e1ndolo. Si uno solo de ellos hubiera defendido una posici\u00f3n propia con firmeza, sin exabruptos ni teatralidades, posiblemente pudo haber generado una duda razonable. \u00c9sta, a su vez, podr\u00eda haber provocado un cambio de actitud del poderoso y la detenci\u00f3n de los pillos, evitando la p\u00e9rdida de legitimidad del monarca.<br \/>En ese no hacer, en ese mero dejar transcurrir los caprichos y las cegueras del poderoso, radica la lecci\u00f3n pol\u00edtica del cuento. En la incapacidad de los cortesanos de contradecir al soberano. Al no tener una posici\u00f3n propia, su suerte, su ser, radica en encajar con quien s\u00ed la tiene y se las suministra. Lo mismo pasa con quienes act\u00faan en los sistemas presidenciales, donde el elegido es uno y confiere estatus y posibilidades a quienes \u00e9l designa como integrantes de su gabinete.<br \/>El cuento de Andersen no dice qu\u00e9 fue del emperador, ni qu\u00e9 destino tuvo tan curioso incidente para la monarqu\u00eda. Pudo suceder que la poblaci\u00f3n estuviera tan acostumbrada a esa forma de gobierno y a esas extravagancias, que nada cambi\u00f3. Pudo suceder tambi\u00e9n que el monarca quedara tan ridiculizado, que algo hubiera comenzado a moverse. En el plano de las ficciones provenientes de las experiencias concentradas en los cuentos infantiles, pudo haber sucedido otra cosa. Algo semejante al final de la pel\u00edcula &#8220;Alicia en el pa\u00eds de las maravillas&#8221; de Tim Burton. Esa en donde ante la p\u00e9rdida de poder de la Reina Roja, los cortesanos se van desprendiendo de las pr\u00f3tesis que a ella le permit\u00edan convivir con ellos. Las grandes orejas, las narices alargad\u00edsimas, las falsas panzas o las inexistentes jorobas. Todo aquello que a la muy cabezona reina le hac\u00eda sentir bien o, al menos, le daba alguna normalidad a sus anormalidades f\u00edsicas y psicol\u00f3gicas. Los cortesanos de los cuentos no tienen nada de infantiles, ni viven en reinos muy lejanos. Sus acciones, sus da\u00f1os y sus ganancias, son de este nuestro mundo. Sus maneras de estar y sobre todo de omitir, terminan lastimando a muchos. Cuando todo fracasa, se limitan a decir que solo estaban ah\u00ed para apoyar los designios de quien mandaba y que su \u00fanica obligaci\u00f3n era obedecer. Al terminar todo, dormir\u00e1n sus dulces sue\u00f1os, mientras que otros muchos comenzar\u00e1n a vivir sus pesadillas.<br \/>Twitter: @JRCossio<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>\u00a0\u00a0\u00a0 \u2022\u00a0\u00a0 \u00a0 Las moralejas del cuento son notorias. 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