{"id":69378,"date":"2018-08-26T13:45:38","date_gmt":"2018-08-26T13:45:38","guid":{"rendered":"http:\/\/plazajuarez.mx\/index\/index.php\/2018\/08\/26\/automatas\/"},"modified":"2018-08-26T13:45:38","modified_gmt":"2018-08-26T13:45:38","slug":"automatas","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/plazajuarez.mx\/historico\/automatas\/","title":{"rendered":"Aut\u00f3matas"},"content":{"rendered":"<p>Callej\u00f3n de sombrereros<br \/>\u00a0\u00a0 \u00a0\u2022\u00a0\u00a0 \u00a0En uno de sus cuentos m\u00e1s conocidos, &#8220;El hombre de arena&#8221;, Hoffmann, que, se sabe, hablaba con su doble, refiri\u00f3 la historia de un estudiante que se enamora de Olimpia, ignorando que se trata de una aut\u00f3mata, por lo que s\u00f3lo dice: &#8220;\u00a1Ah! \u00a1Ah!&#8230;&#8221; y &#8220;\u00a1Buenas noches, amor m\u00edo&#8230;&#8221;\u2028<\/p>\n<p>  <!--more-->  <\/p>\n<p>&#8220;En el siglo IX&#8221;, refiere Germain Bazin en Historia del jard\u00edn, &#8220;el califa Al Mam\u00fan hab\u00eda ampliado su palacio de Dja Far, situado en la orilla del Tigris, dot\u00e1ndolo de un hip\u00f3dromo a la romana y provey\u00e9ndolo de mil artificios para competir con los del Palacio Sagrado de Constantinopla. El embajador que un califa de Bagdad envi\u00f3 al emperador bizantino Constantino Porfirog\u00e9neta nos describe lo que vio. <br \/>&#8220;En una sala del palacio hab\u00eda un \u00e1rbol de plata enhiesto en medio de un estanque, rodeado de jinetes aut\u00f3matas y en el cual estaban posados unas aves que silbaban. En otro estanque del jard\u00edn hab\u00eda otro \u00e1rbol de plata en cuyas abundantes ramas se albergaban aves de todas las especies, doradas y plateadas, que silbaban o arrullaban al menor soplo de viento. Aquellas aves eran aut\u00f3matas que actuaban seg\u00fan la fuerza neum\u00e1tica, producida por la mec\u00e1nica e\u00f3lica o hidr\u00e1ulica, que hab\u00eda sido estudiada por la escuela de Alejandr\u00eda, cuyos escritos antiguos fueron transmitidos en \u00e1rabe por Banu-Muza y Al Djazani. M\u00e1s adelante, los occidentales los descubrieron y disfrutaron con esos aut\u00f3matas&#8221;.<br \/>No todos se admiran al ver a un aut\u00f3mata; no pocos experimentan una inquietud semejante al miedo como Ludwig, uno de los personajes de &#8220;Los aut\u00f3matas&#8221; de E. T. A. Hoffmann, que confesaba que le resultaban muy desagradables: &#8220;Todas estas figuras que no tienen aspecto humano, aunque, sin embargo, imitan a los hombres, y tienen toda la apariencia de una muerte viviente, o de una nota mortecina&#8221;.<br \/>En uno de sus cuentos m\u00e1s conocidos, &#8220;El hombre de arena&#8221;, Hoffmann, que, se sabe, hablaba con su doble, refiri\u00f3 la historia de un estudiante que se enamora de Olimpia, ignorando que se trata de una aut\u00f3mata, por lo que s\u00f3lo dice: &#8220;\u00a1Ah! \u00a1Ah!&#8230;&#8221; y &#8220;\u00a1Buenas noches, amor m\u00edo&#8230;&#8221; Esa historia de amor produjo el recelo de se\u00f1ores respetables que &#8220;desconfiaban hasta de las figuras vivas. Y para convencerse enteramente de que no amaban a ninguna mu\u00f1eca de madera, muchos amantes exig\u00edan a la amada que no bailara ni cantara a comp\u00e1s, y que se detuviese al leer, que tejiera, que jugara con el perrito&#8221;. <br \/>Sin embargo, en La Eva futura de Villiers de L&#8217;Isle Adam, T. A. Edison, &#8220;el brujo de Menlo Park&#8221;, parec\u00eda envanecerse de la mujer artificial que hab\u00eda creado afirmando: &#8220;La Naturaleza cambia, pero no la Andreida. Nosotros vivimos, morimos y \u00bfqui\u00e9n sabe&#8230;? La Andreida no conoce la vida, ni la enfermedad, ni la muerte. Est\u00e1 por encima de todas las imperfecciones, de todas las servidumbres y conserva la belleza del ensue\u00f1o&#8221;.<br \/>Offenbach convirti\u00f3 en \u00f3pera algo de los cuentos de Hoffmann, pero uno de sus personajes ya citado en este texto, Ludwig, luego de presenciar un espect\u00e1culo de aut\u00f3matas m\u00fasicos, sostiene que &#8220;por medio de v\u00e1lvulas, resortes, palancas, rodillos y toda clase de piezas mec\u00e1nicas para lograr efectos musicales, se hace esta absurda experiencia de intentar lograr \u00fanicamente con objetos, lo que puede lograrse por medio del esp\u00edritu, que rige hasta los m\u00e1s m\u00ednimos movimientos. El mayor reproche que se le hace al m\u00fasico es que toca sin sentimiento alguno, por lo cual, realmente perjudica al esp\u00edritu de la m\u00fasica, o mejor dicho, anula la m\u00fasica en la m\u00fasica, de lo que se deduce que siempre tocar\u00e1 mejor el m\u00fasico m\u00e1s insensible que la m\u00e1quina m\u00e1s perfecta, ya que es de suponer que en alg\u00fan instante logre despertar una moment\u00e1nea emoci\u00f3n, lo que evidentemente nunca suceder\u00e1 con la m\u00e1quina&#8221;.<br \/>Un antiguo oficial de caballer\u00eda ligera en busca de trabajo con Zapparoni, un fabricante de robots liliputienses y que lanz\u00f3 al mercado un selector entrenado para eliminar el polen, advierte, en Abejas de cristal de Ernst J\u00fcnger, que los caballos &#8220;estaban siendo sustituidos por aut\u00f3matas. Y a este cambio correspond\u00eda una transformaci\u00f3n entre los hombres: se estaban volviendo m\u00e1s mec\u00e1nicos, m\u00e1s previsibles y, a veces, se ten\u00eda la sensaci\u00f3n de no estar entre seres humanos&#8221;.<br \/>Zapparoni tambi\u00e9n se dedicaba a la cinematograf\u00eda. Sus actores eran aut\u00f3matas producidos por su f\u00e1brica que concibieron &#8220;un estilo que asimilaron tambi\u00e9n los actores humanos&#8221;.<br \/>Desde la antig\u00fcedad, el hombre se ha propuesto crear a un ser a su imagen y semejanza. Parad\u00f3jicamente, muchos seres humanos parecen pretender convertirse en aut\u00f3matas imponi\u00e9ndose aud\u00edfonos y otros mecanismos, absortos a un aparatito que los domina y del que acaso aguardan \u00f3rdenes compulsivamente, perdidos en una memoria artificial.<br \/>E. T. A. Hoffmann se preguntaba: &#8220;\u00bfSer\u00e9 yo mismo un aut\u00f3mata?&#8221;<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Callej\u00f3n de sombrereros\u00a0\u00a0 \u00a0\u2022\u00a0\u00a0 \u00a0En uno de sus cuentos m\u00e1s conocidos, &#8220;El hombre de arena&#8221;, Hoffmann, que, se sabe, hablaba con su doble, refiri\u00f3 la historia de un estudiante que se enamora de Olimpia, ignorando que se trata de una aut\u00f3mata, por lo que s\u00f3lo dice: &#8220;\u00a1Ah! \u00a1Ah!&#8230;&#8221; y &#8220;\u00a1Buenas noches, amor m\u00edo&#8230;&#8221;\u2028<\/p>\n","protected":false},"author":93,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[42],"tags":[],"class_list":["post-69378","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-nuestrapalabra"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/plazajuarez.mx\/historico\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/69378","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/plazajuarez.mx\/historico\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/plazajuarez.mx\/historico\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/plazajuarez.mx\/historico\/wp-json\/wp\/v2\/users\/93"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/plazajuarez.mx\/historico\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=69378"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/plazajuarez.mx\/historico\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/69378\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/plazajuarez.mx\/historico\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=69378"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/plazajuarez.mx\/historico\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=69378"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/plazajuarez.mx\/historico\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=69378"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}