{"id":59593,"date":"2018-03-25T12:42:28","date_gmt":"2018-03-25T12:42:28","guid":{"rendered":"http:\/\/plazajuarez.mx\/index\/index.php\/2018\/03\/25\/piden-dinero-en-la-calle-desde-hace-un-siglo\/"},"modified":"2018-03-25T12:42:28","modified_gmt":"2018-03-25T12:42:28","slug":"piden-dinero-en-la-calle-desde-hace-un-siglo","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/plazajuarez.mx\/historico\/piden-dinero-en-la-calle-desde-hace-un-siglo\/","title":{"rendered":"Piden dinero en la calle desde hace un siglo"},"content":{"rendered":"<p>Mochilazo en el tiempo<br \/>Si miras hacia arriba, s\u00f3lo el Centro Hist\u00f3rico de la ciudad de M\u00e9xico alberga majestuosas vistas de las fachadas de edificios virreinales, \u00bfpero qu\u00e9 pasa si miras hacia abajo?<\/p>\n<p>  <!--more-->  <\/p>\n<p>Caminar por la ciudad de M\u00e9xico es siempre una aventura. Si miras hacia arriba, s\u00f3lo el Centro Hist\u00f3rico alberga majestuosas vistas de las fachadas de edificios virreinales; en el z\u00f3calo, la bandera ondea poderosa frente al palacio nacional; y en la entrada de Madero, se observa una torre gigante que ha sobrevivido a los sismos m\u00e1s potentes en la historia de nuestro pa\u00eds.<br \/>\u00bfPero qu\u00e9 pasa si miras hacia abajo? te encuentras a personas que, sentadas en el suelo, con ropa maltrecha y cansadas, extienden sus manos sucias pidiendo una moneda. A veces sin extremidades, con dos o tres ni\u00f1os corriendo alrededor, o un beb\u00e9 atado a un rebozo durmiendo m\u00e1s de lo que tendr\u00eda que dormir en el pecho de su madre.<br \/>En 1925, EL UNIVERSAL ILUSTRADO public\u00f3 una serie de entrevistas a mendigos de distintas partes de la ciudad de M\u00e9xico en una secci\u00f3n llamada \u201cM\u00e9xico Pintoresco\u201d, con el t\u00edtulo \u201cPiden pan\u201d. En \u00e9l se imprimieron las an\u00e9cdotas de aquellos desafortunados que deb\u00edan rogar por dinero para poder sobrevivir.<br \/>\u201cAl amparo de las iglesias, se inmovilizan los mendigos tomando aspecto de cari\u00e1tides, la mano tendida al transe\u00fante implora una limosna y el gesto de amargura o de dolor es el grito imperativo de los que solamente saben pla\u00f1ir\u201d.<br \/>El militar que se volvi\u00f3 mendigo<br \/>\u201cCerca del edificio de la suprema corte de justicia, un mendigo mastica eternamente su plegaria, a su lado un chiquillo se divierte arrastrando envases de sardina so\u00f1ando en un ferrocarril&#8230;\u201d.<br \/>As\u00ed empieza la historia del primer mendigo, un \u201ch\u00e9roe olvidado\u201d de la Revoluci\u00f3n, militante de las filas de Madero, quien lleg\u00f3 a obtener el grado de teniente, adem\u00e1s de caballos, asistentes y dinero en abundancia. Su fortuna le concedi\u00f3 un matrimonio con una guapa muchacha de la ciudad. El ni\u00f1o rubio que lo acompa\u00f1aba era el fruto de ese amor.<br \/>Su suerte termin\u00f3 con la Decena Tr\u00e1gica, en donde el hombre recibi\u00f3 un ca\u00f1onazo que le rompi\u00f3 ambas piernas, por lo que no pudo mantener su cargo en el Ej\u00e9rcito. Tambi\u00e9n le trajo \u201clargos d\u00edas de hospital y un gran desenga\u00f1o de la mujer infiel que se va para siempre\u201d. Un \u201cbuen d\u00eda\u201d, cont\u00f3 el mendigo, termin\u00f3 en la calle viviendo \u201cde milagro y de limosnas\u201d.<br \/>\u201cVida tan perra como la m\u00eda pocas habr\u00e1, pero no hay d\u00f3nde escoger otra\u201d, dijo el hombre, mientras volv\u00eda a fingir ceguera para provocar la l\u00e1stima de los transe\u00fantes y el periodista se alejaba.<br \/>La ni\u00f1a de los ojos caf\u00e9s<br \/>Ni\u00f1os pidiendo limosna, ya sea solos o en compa\u00f1\u00eda de sus padres, son una postal com\u00fan para los habitantes de esta ciudad. Bajo el sol y con una temperatura que supera los 26 grados cent\u00edgrados, se encuentra sentada sobre la calle de Madero, en el Centro Hist\u00f3rico, una ni\u00f1a de 12 a\u00f1os, quien dice su edad, pero no su nombre, tocando el acorde\u00f3n.<br \/>Hay quienes la miran de reojo, y quien descuidadamente deja caer una moneda dentro de la vasija naranja de pl\u00e1stico frente a ella. Me acerco y cuento, dos pesos. Saco de mi bolsillo otros dos y los arroj\u00f3. Caen fuera de la vasija y me agacho a recogerlos.<br \/>&#8211; \u00bfQui\u00e9n te ense\u00f1\u00f3 a tocar?- pregunt\u00f3 a\u00fan en cuclillas. La ni\u00f1a me mira con unos ojos caf\u00e9s demasiado claros, deja de tocar y sonr\u00ede.<br \/>-Mi pap\u00e1 me ense\u00f1\u00f3 para que me viniera a trabajar, lleg\u00f3 desde temprano, como desde las 10, vivo en Pantitl\u00e1n.<br \/>-\u00a1\u00bfY vienes solita desde all\u00e1?!<br \/>-No, ah\u00ed est\u00e1 mi mam\u00e1 con mi hermana.<br \/>La ni\u00f1a del acorde\u00f3n pide dinero sobre la calle de Madero.<br \/>La madre sostiene a una beb\u00e9 de aproximadamente un a\u00f1o. Est\u00e1 sentada sobre el escal\u00f3n de un edificio. Con la otra mano estira otra bandeja de pl\u00e1stico mientras me mira recelosa.<br \/>Volteo de nuevo a ver a la ni\u00f1a de ojos bonitos.<br \/>-Oye \u00bfy vas a la escuela?<br \/>-Ya no, porque me tengo que venir a trabajar.<br \/>Volteo a ver su bandeja una vez m\u00e1s y pregunt\u00f3:<br \/>-\u00bfY te va bien?<br \/>-Pues no tanto &#8211; y se\u00f1ala tambi\u00e9n al recipiente con su cabeza, como diciendo \u201cmira\u201d.<br \/>Por Madero circulan alrededor de 10 mil personas por hora, seg\u00fan la Autoridad del Espacio P\u00fablico de la Ciudad de M\u00e9xico, y hay s\u00f3lo cuatro pesos en esa bandeja. Me despido y la ni\u00f1a vuelve a tocar su instrumento.<br \/>\u00bfHistorias verdaderas?<br \/>Las monjas tambi\u00e9n ped\u00edan limosna. El periodista del ILUSTRADO sigui\u00f3 a varias \u201cmadrecitas\u201d por la ciudad \u201calegres y confiadas\u201d mientras reun\u00edan fondos para lo que dec\u00edan eran \u201cobras de beneficencia\u201d. \u201cVan por las avenidas, pasean en los jardines y a veces se disputan la primac\u00eda en las gradas de la plaza de toros\u201d, relata la publicaci\u00f3n de 1925.<br \/>Las monjas ped\u00edan dinero en las calles de la ciudad. EL UNIVERSAL ILUSTRADO 1925.<br \/>Sin embargo, al parecer, el periodista se encontraba esc\u00e9ptico y dudaba del uso de ese dinero. Y es que en esta ciudad, tambi\u00e9n reina la incredulidad, de la que fui v\u00edctima yo tambi\u00e9n al platicar con un muchacho.<br \/>En la entrada del Templo Expiatorio Nacional San Felipe de Jes\u00fas, en la calle Francisco I. Madero, un joven se encuentra sentado, casi escondido, entre la puerta y la pared del recinto. Tiene un letrero de cart\u00f3n que indica que es estudiante y que le robaron sus cosas. Me acerco a darle unos pesos.<br \/>&#8211; Hola \u00bfd\u00f3nde te robaron, d\u00f3nde estudias? \u00bfQu\u00e9 te robaron?<br \/>-En Tlalpan, de hecho iba saliendo de la escuela, del Cetis 154, y me quitaron mi mochila con todas mis cosas -dice intercalando sus palabras con muecas de tristeza.<br \/>-\u00bfY vives por ah\u00ed?<br \/>-No, de hecho vengo de Quer\u00e9taro, y por eso estoy pidiendo dinero, para regresar, mira aqu\u00ed tengo la direcci\u00f3n y todo, pero me falta el dinero para pagar el transporte -explica mientras me muestra un pedazo de papel cuadrado con una direcci\u00f3n y la palabra Quer\u00e9taro en grande y subrayada.<br \/>-\u00bfY cu\u00e1nto tienes aqu\u00ed, cu\u00e1nto dinero llevas?<br \/>-Llevo aqu\u00ed tres d\u00edas- y deja ver una sonrisa triste mientras abre su mano que sostiene una moneda de 10 y las que yo le acabo de dar, 12 pesos. Me levant\u00e9 deseando que mi incredulidad fuera infundada y el muchacho lograra reunir lo necesario para volver con su familia.<br \/>Seg\u00fan su publicaci\u00f3n en el semanario, el reportero se alej\u00f3 tambi\u00e9n de las monjas con pensamientos sombr\u00edos. \u201cY sin embargo,- dec\u00eda- los ni\u00f1os hu\u00e9rfanos siguen muri\u00e9ndose de fr\u00edo acurrucados en los quicios de la ciudad y so\u00f1ando con las mentiras de las letras de molde\u201d.<br \/>Mendigos por discapacidad<br \/>En 1925, un mendigo dorm\u00eda con la mano extendida en las escaleras de una iglesia. Sobre la mano cay\u00f3 una moneda de cobre que lo despert\u00f3. Se llamaba Domingo Alarc\u00f3n y era ciego de nacimiento. Ped\u00eda limosna desde 1875.<br \/>\u201cEl oficio de limosnear es todo un oficio\u201d, dijo al periodista y procedi\u00f3 a explicar con lujo de detalle los consejos para tener \u00e9xito en aqu\u00e9l \u201ctrabajo\u201d. \u201cNo hay que estacionarse en un sitio, porque las gentes se acostumbran a mirarnos y se hacen a menudo esta absurda reflexi\u00f3n: \u2018A este ya le di ayer\u2026 Lo socorrer\u00e9 ma\u00f1ana\u2019. Y no piensan, sin embargo que hay que comer todos los d\u00edas\u201d.<br \/>Sobre su vida, el mendigo habl\u00f3 brevemente. \u201cVida sin emociones, tranquila. Para morir feliz solamente pedir\u00eda una cosa, ver un minuto el sol y deslumbrarme\u201d.<br \/>En su p\u00e1gina de internet, el Consejo Nacional para la Prevenci\u00f3n de la Discriminaci\u00f3n (Conapred) asegura que la mayor\u00eda de las personas con alguna discapacidad vive en pobreza o depende econ\u00f3micamente de alg\u00fan familiar, por la discriminaci\u00f3n y exclusi\u00f3n que sufren en el \u00e1mbito escolar, m\u00e9dico, laboral y porque falta m\u00e1s apoyo por parte de las autoridades y de la poblaci\u00f3n en general.<br \/>Seg\u00fan datos del Instituto Nacional de Estad\u00edstica y Geograf\u00eda (Inegi), retomados por Conapred, 6.6 por ciento de la poblaci\u00f3n mexicana sufre de alguna discapacidad, que implica la dificultad para caminar o moverse; ver y escuchar; hablar o limitaciones mentales.<br \/>El se\u00f1or del bast\u00f3n<br \/>En la acera sobre avenida Ju\u00e1rez, justo frente al Palacio de Bellas Artes, se encuentra un hombre de 60 a\u00f1os hincado, estirando una mano y deteniendo un bast\u00f3n con la otra. \u201cAy\u00fademe con una moneda, tengo una discapacidad, no puedo caminar bien, ay\u00fademe\u201d, clama el anciano.<br \/>-\u00bfSabe d\u00f3nde est\u00e1 la calle Donceles?- Le pregunt\u00f3 despu\u00e9s de darle una moneda.<br \/>-De la esquina, dos cuadras a la izquierda.<br \/>-Usted conoce bien el centro, \u00bfverdad? \u00bfCu\u00e1nto tiempo lleva viniendo aqu\u00ed?<br \/>-Llevo toda la vida viviendo aqu\u00ed y pido desde hace cinco a\u00f1os, cuando me llevaron a un asilo que es del gobierno y me dijeron que iba a tener un lugar para dormir y para comer, pero ahora lo que me falta es dinero para ir al doctor, porque ahorita estoy enfermo y no me alcanza para que me atiendan- explica se\u00f1alando con la cabeza el bast\u00f3n.<br \/>-\u00bfPero en el asilo no lo llevan al doctor?<br \/>&#8211; Es que necesito un especialista, al asilo ya nada m\u00e1s voy a dormir.<br \/>-\u00bfY la gente s\u00ed lo ayuda?<br \/>-Pus s\u00ed me dan, pero no lo suficiente &#8211; dice el se\u00f1or que, a su edad y enfermo como se ve, no deber\u00eda estar pidiendo dinero en la calle.<br \/>El se\u00f1or del bast\u00f3n pide dinero frente a Bellas Artes.<br \/>El anciano del viol\u00edn<br \/>En el metro Hidalgo, bajando las escaleras del transbordo hacia Indios Verdes, se encuentra un se\u00f1or, que andar\u00e1 rondando los 70, a quien le falta un ojo. Sin embargo, esto no es lo que llama la atenci\u00f3n, sino las notas que con sus manos arrugadas hacen sonar su viol\u00edn. El sombrero azul marino, que tiene frente a sus pies, est\u00e1 repleto de monedas y hasta hay un chocolate.<br \/>Me acerco, le dej\u00f3 una moneda de cinco pesos y le pregunt\u00f3 d\u00f3nde aprendi\u00f3 a tocar el viol\u00edn. \u00c9l sonr\u00ede:<br \/>-Pues all\u00e1 con los que s\u00ed saben, me ense\u00f1aron y yo nom\u00e1s viendo c\u00f3mo le hac\u00edan con los dedos y escuchando.<br \/>-\u00d3rale, \u00bfy viene seguido a tocar por ac\u00e1?<br \/>&#8211; Pues s\u00ed aqu\u00ed ando, nom\u00e1s que a veces no se puede, cuando se ponen aqu\u00ed los de las sillas de ruedas o a veces que nos mueven los polic\u00edas, pues ya me muevo y ando por Centro M\u00e9dico o por Balderas, pero siempre ac\u00e1 abajo en el metro.\u201d<br \/>-\u00bfY se mueve usted solo?<br \/>-S\u00ed, yo solito ando de aqu\u00ed pa\u2019 all\u00e1 desde Nezahualc\u00f3yotl, all\u00e1 vivo con mis hijos y mis nietas, pero pues est\u00e1 bien tener uno sus centavos.<br \/>-S\u00ed viene de lejos. \u00bfY le va bien?<br \/>-Pues ah\u00ed m\u00e1s o menos, pero mejor aqu\u00ed que all\u00e1 en mi casa sin ni un centavo yo.<br \/>Y entonces, la interrogada fui yo:<br \/>-\u00bfY por qu\u00e9 me preguntas? \u00bftambi\u00e9n quieres aprender t\u00fa?<br \/>-Es que mi hermano tambi\u00e9n toca el viol\u00edn.<br \/>&#8211; Ah s\u00ed, pero \u00e9l s\u00ed aprendi\u00f3 con los papeles \u00bfno? \u00bfc\u00f3mo se llaman?<br \/>-\u00bfLas partituras? S\u00ed, \u00e9l s\u00ed sabe<br \/>-\u00c1ndale, esas, yo nunca aprend\u00ed, no pod\u00eda, ya mejor nom\u00e1s de o\u00eddo. Ah\u00ed dile a tu hermano que venga a ense\u00f1arme, \u00bfno?<br \/>Y me alej\u00e9 con una promesa:<br \/>-Claro que s\u00ed, se\u00f1or, yo se lo traigo, que le vaya muy bien.<br \/>-\u00c1ndale pues, tambi\u00e9n a ti, ni\u00f1a &#8211; dijo mientras se acomodaba de nuevo el viol\u00edn sobre el hombro.<br \/>As\u00ed como en 1925 historias similares seguir\u00e1n repiti\u00e9ndose afuera de las iglesias, sobre avenidas concurridas; bajo tierra, en el Metro; sobre los puentes, mientras que los transe\u00fantes, inmersos en su rutina y caminando con prisa, seguir\u00e1n pasando a su lado, a veces ignor\u00e1ndolos y a veces apiad\u00e1ndose de ellos.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Mochilazo en el tiempoSi miras hacia arriba, s\u00f3lo el Centro Hist\u00f3rico de la ciudad de M\u00e9xico alberga majestuosas vistas de las fachadas de edificios virreinales, \u00bfpero qu\u00e9 pasa si miras hacia abajo?<\/p>\n","protected":false},"author":93,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[42],"tags":[],"class_list":["post-59593","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-nuestrapalabra"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/plazajuarez.mx\/historico\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/59593","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/plazajuarez.mx\/historico\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/plazajuarez.mx\/historico\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/plazajuarez.mx\/historico\/wp-json\/wp\/v2\/users\/93"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/plazajuarez.mx\/historico\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=59593"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/plazajuarez.mx\/historico\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/59593\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/plazajuarez.mx\/historico\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=59593"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/plazajuarez.mx\/historico\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=59593"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/plazajuarez.mx\/historico\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=59593"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}