{"id":44326,"date":"2017-07-10T13:56:35","date_gmt":"2017-07-10T13:56:35","guid":{"rendered":"http:\/\/plazajuarez.mx\/index\/index.php\/2017\/07\/10\/una-historia-de-amor-en-la-huasteca\/"},"modified":"2020-04-14T20:24:47","modified_gmt":"2020-04-14T20:24:47","slug":"una-historia-de-amor-en-la-huasteca","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/plazajuarez.mx\/historico\/una-historia-de-amor-en-la-huasteca\/","title":{"rendered":"Una historia de amor en la Huasteca"},"content":{"rendered":"<p>DE CUERPO ENTERO<br \/>En un camastro casi al ras del piso, Marisela de tan solo 17 a\u00f1os se encontraba ba\u00f1ada en sudor; ya ten\u00eda m\u00e1s de 15 horas en trabajo de parto y sent\u00eda que las fuerzas le iban mermando la vida, cuando Pedro con voz dulce le dijo a su joven mujer: \u201cchiquita ya traje al doctorcito\u201d. \u00a0El m\u00e9dico sinti\u00f3 una nueva inundaci\u00f3n, una responsabilidad que sab\u00eda le quedaba grande. Pedro se ve\u00eda alegre, su rostro mostraba la seguridad que el m\u00e9dico le inspiraba.<\/p>\n<p>  <!--more-->  <\/p>\n<p>Ya ca\u00edda la noche nadie se atrev\u00eda a pasar el r\u00edo, ni siquiera con la gu\u00eda m\u00e1s sesuda de Don Pancho, ni aun teniendo a su disposici\u00f3n la panga nueva. En verdad la noche estaba tibia a pesar de la intensa lluvia que por m\u00e1s de tres d\u00edas hab\u00eda azotada al pueblo. El cielo se dejaba ver, y varias estrellas coqueteaban con brillos muy claros, el ruido intenso de la corriente del r\u00edo se escuchaba como cientos de toros bravos dejados en la intemperie, y justo donde quebraba haciendo una S pronunciada se dejaba escuchar como truenos alegres de la fiesta del pueblo.<br \/>\u00a0\u00a0 \u00a0\u201cDoctor, doctor, \u00a0nos urge que vaya a ver a mi mujer, se est\u00e1 muriendo, no puede nacer el chamaco\u201d. Por la ventana se dibuj\u00f3 el rostro de Pedro con ojos brillosos por el miedo, y con la esperanza de ver en la cara del m\u00e9dico una afirmaci\u00f3n r\u00e1pida y segura; \u00e9l, lo primero que pens\u00f3 fue en negarse con categor\u00eda, y claro que ten\u00eda motivos; en esos momentos era pr\u00e1cticamente imposible cruzar el r\u00edo, y despu\u00e9s, qu\u00e9 le podr\u00eda ofrecer a la mujer de Pedro en caso de que lograra cruzar la corriente de agua. Repas\u00f3 r\u00e1pidamente sus argumentos, pero cuando abri\u00f3 la puerta y vio a un hombre joven empapado en agua y con sus grandes esperanzas, solo atin\u00f3 a decir: \u201cesp\u00e9rame un momento\u201d.<br \/>\u00a0\u00a0 \u00a0Nadie quiso participar en la traves\u00eda y los pocos que se acercaron como los maestros, sus amigos, solo fueron para meter miedo, recordando a los difuntos que en a\u00f1os anteriores hab\u00edan osado cruzarlo; le insistieron en que mejor trajeran a la enferma, pero que no se atreviera a cruzar ese caudal de agua, que sab\u00edan bien que en esa temporada el r\u00edo de la Huasteca Potosina crece como nunca. \u00a0<br \/>Pedro suplicaba que \u00e9l podr\u00eda llevarlo en una vieja lancha, la misma que hab\u00eda usado apenas una hora antes.<br \/>El m\u00e9dico se sent\u00f3 con miedo justo en medio de la lancha, apretuj\u00f3 a su cuerpo su viejo malet\u00edn y como para tragar con valent\u00eda el terrible miedo que sent\u00eda, se dedic\u00f3 a contar estrellas; gruesas gotas le mojaron el rostro, solo o\u00eda el resoplar de Pedro que con furia mov\u00eda los remos intentando derrotar a toneladas de agua, que furiosas azotaban a una miserable lancha que flotaba como una c\u00e1scara de cacahuate sumida en una tina de agua. El agua le moj\u00f3 los zapatos y en medio de la penumbra brillaban los ojos de Pedro, que m\u00e1s con ilusi\u00f3n que con verdad, le aseguraba que ya pronto alcanzar\u00edan la orilla.<br \/>El m\u00e9dico tuvo mucho tiempo para repasar los amores que iba a dejar, se acord\u00f3 de su madre, de los ya muchos a\u00f1os de cuando se march\u00f3 para no volver; de cuando precisamente en un parto mal atendido enfil\u00f3 un camino de silencio y dese\u00f3 mucho ya haber sido m\u00e9dico para haberla cuidado con esmero y haber evitado su muerte. Ahora precisamente la mujer de Pedro lo estaba esperando, llegaron a su mente sus hermanos, su padre, su novia que tanto amaba y los hijos que a lo mejor la vida le ten\u00eda asignados; sus ojos se inundaron de l\u00e1grimas, tuvo miedo, y solo el recuerdo de ella, la de los ojos verdes, le hac\u00eda latir su coraz\u00f3n.<br \/>\u201cDoctor, creo que ya nos perdimos, los remos est\u00e1n rotos y ya escucho los ruidos de la barranca, ag\u00e1rrese fuerte doctorcito\u201d. Lo que pas\u00f3 despu\u00e9s sucedi\u00f3 tan r\u00e1pido que el crujido de la lancha rota y un fuerte dolor en su espalda le hicieron sentir lo fr\u00edo del agua; sent\u00eda moverse como una marioneta y as\u00ed sin saber c\u00f3mo, pudo aferrarse a una gran roca, se dio cuenta que no hab\u00eda perdido su malet\u00edn y con suspicacia sonri\u00f3, \u201cni que valiera tanto\u201d.<br \/>Nunca supo el tiempo que pas\u00f3, solo est\u00e1 seguro que las piedras como si tuvieran vida lo ayudaron a llegar a la orilla; Pedro estaba en verdad alegre, y con gritos de chiquillo le dec\u00eda al m\u00e9dico:\u201d lo logramos doctorcito\u201d.<br \/>Alcanzaron la orilla sin lancha r\u00edo abajo, posiblemente dos o tres kil\u00f3metros antes de la terrible barranca, y as\u00ed como si hubieran ganado una competencia ol\u00edmpica emprendieron el camino monta\u00f1a arriba a la casa de Pedro.<br \/>Como sucede en todos los pueblos los perros y sus ladridos anunciaron su llegada, la gente con cautela se asomaba por las viejas y h\u00famedas puertas de sus miserables casas, y Pedro con impaciencia le mostraba el camino. <br \/>En un camastro casi al ras del piso, Marisela de tan solo 17 a\u00f1os se encontraba ba\u00f1ada en sudor; ya ten\u00eda m\u00e1s de 15 horas en trabajo de parto y sent\u00eda que las fuerzas le iban mermando la vida, cuando Pedro con voz dulce le dijo a su joven mujer: \u201cchiquita ya traje al doctorcito\u201d. \u00a0El m\u00e9dico sinti\u00f3 una nueva inundaci\u00f3n, una responsabilidad que sab\u00eda le quedaba grande. Pedro se ve\u00eda alegre, su rostro mostraba la seguridad que el m\u00e9dico le inspiraba.<br \/>Con todo cuidado la revis\u00f3, y arrancando los lecciones de sus maestros amontonadas en su cerebro, diagnostic\u00f3: se trata de un embarazo con un beb\u00e9 en presentaci\u00f3n p\u00e9lvica, es decir tendr\u00e1n que nacer primero los pies, y despu\u00e9s el cuerpo.<br \/>El m\u00e9dico -que olvidaba decir estaba apenas realizando su servicio social- sab\u00eda muy bien que una operaci\u00f3n ces\u00e1rea era lo indicado, lo correcto, y como un rayo milagroso se acord\u00f3 de aquella frase del padre de la medicina Hip\u00f3crates: \u201cPRIMUM NON NOCER\u201d, lo primero es no hacer da\u00f1o. <br \/>Sab\u00eda que no hab\u00eda alternativa, ni hab\u00edan las condiciones para efectuar una intervenci\u00f3n quir\u00fargica, y mucho menos ten\u00eda los conocimientos para efectuarla; revis\u00f3 con todo cuidado con lo que contaba, y concluy\u00f3 que el dejarla sin intentar un parto en esas condiciones ser\u00eda todo lo contrario a lo que el juramento de m\u00e9dico indicaba.<br \/>Inici\u00f3 las maniobras cl\u00e1sicas para rescatar al beb\u00e9 y as\u00ed muy suavemente, con el hermoso ruido de la lluvia que ca\u00eda en el fondo, fue obteniendo cent\u00edmetro a cent\u00edmetro a un beb\u00e9, que naciendo peg\u00f3 chico grito que hizo volar a las gallinas que habitualmente a esas horas se encuentran durmiendo. El m\u00e9dico decidi\u00f3 no ocultar su emoci\u00f3n y junto con Pedro se puso a llorar. Total, casi eran de la misma edad.<br \/>Pasaron los d\u00edas y justo antes de dejar el pueblo al concluir su a\u00f1o de servicio social, Marisela cargando a su beb\u00e9 y Pedro, llegaron al consultorio para despedirse; Pedro le hab\u00eda labrado en un pedazo de madera una peque\u00f1a lancha, y con voz que adivinaba el llanto le dijo: \u201c\u00a1muchas gracias\u00a1\u201d.<br \/>\u00a0Los tres lloraron.<br \/>\u00a0<br \/>\u00a0\u00a0\u00a0<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>DE CUERPO ENTEROEn un camastro casi al ras del piso, Marisela de tan solo 17 a\u00f1os se encontraba ba\u00f1ada en sudor; ya ten\u00eda m\u00e1s de 15 horas en trabajo de parto y sent\u00eda que las fuerzas le iban mermando la vida, cuando Pedro con voz dulce le dijo a su joven mujer: \u201cchiquita ya traje [&hellip;]<\/p>\n","protected":false},"author":93,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[82,42],"tags":[68],"class_list":["post-44326","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-dr-antonio-peralta-sanchez","category-nuestrapalabra","tag-doctor-peralta"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/plazajuarez.mx\/historico\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/44326","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/plazajuarez.mx\/historico\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/plazajuarez.mx\/historico\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/plazajuarez.mx\/historico\/wp-json\/wp\/v2\/users\/93"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/plazajuarez.mx\/historico\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=44326"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/plazajuarez.mx\/historico\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/44326\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/plazajuarez.mx\/historico\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=44326"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/plazajuarez.mx\/historico\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=44326"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/plazajuarez.mx\/historico\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=44326"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}