{"id":43155,"date":"2017-06-18T07:20:29","date_gmt":"2017-06-18T07:20:29","guid":{"rendered":"http:\/\/plazajuarez.mx\/index\/index.php\/2017\/06\/18\/temporada-de-huracanes\/"},"modified":"2017-06-18T07:20:29","modified_gmt":"2017-06-18T07:20:29","slug":"temporada-de-huracanes","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/plazajuarez.mx\/historico\/temporada-de-huracanes\/","title":{"rendered":"Temporada de huracanes"},"content":{"rendered":"<p>Inscripciones abiertas <br \/>El archivo de los narradores de la Revoluci\u00f3n estaba socializado; todos lo hab\u00edan visto y ten\u00edan una opini\u00f3n de \u00e9l porque a veces era parte de una experiencia personal o un recuerdo colectivo&#8230;<\/p>\n<p>  <!--more-->  <\/p>\n<p>\u00a0<br \/>Todas las novelas de la Revoluci\u00f3n Mexicana \u2014al menos todas las que fueron lo suficientemente buenas para que las sigamos leyendo\u2014 son intensamente cr\u00edticas de la propia Revoluci\u00f3n y el sistema pol\u00edtico que se articul\u00f3 tras ella. No importa si fueron escritas por nost\u00e1lgicos del porfiriato, oficiales huertistas, militares decepcionados o socialistas desesperados porque sus personajes hubieran sido m\u00e1s de izquierda de lo que en realidad eran. Todas fueron publicadas \u2014en episodios de prensa o como libros\u2014 durante el \u00e1pice del periodo nacionalista revolucionario que demol\u00edan, a veces de manera expl\u00edcita y a veces de un modo lateral. <br \/>De Los de abajo a Cartucho, de Se llevaron el ca\u00f1\u00f3n para Cachimba a La sombra del caudillo, todas son novelas perfectamente legibles \u2014a veces simplemente extraordinarias\u2014 sin el archivo que las sostuvo. Son, como todas las piezas de escritura que siguen siendo legibles despu\u00e9s de su momento de parto, irrupciones de un forma en el campo de lo real, ejercicios de abstracci\u00f3n, material traductible. Y sin embargo, eso que parece tan claro en el aula universitaria de nuestro tiempo, no lo era en su hora: la mayor\u00eda fueron criticadas, en el momento de su publicaci\u00f3n, con argumentos ajenos a sus virtudes formales. La gente recordaba la guerra, opinaba que tal personaje no era as\u00ed, o que el narrador no hab\u00eda presenciado tal hecho y por tanto no podr\u00eda atribuirse el privilegio de contarlo. <br \/>El archivo de los narradores de la Revoluci\u00f3n estaba socializado; todos lo hab\u00edan visto y ten\u00edan una opini\u00f3n de \u00e9l porque a veces era parte de una experiencia personal o un recuerdo colectivo \u2014una manera de contar acordada\u2014 o ven\u00eda de los peri\u00f3dicos y gacetas que todos hab\u00edan le\u00eddo, discutido, escrito. <br \/>Me parece que el contexto en el que Temporada de Huracanes, de Fernanda Melchor \u2014una escritora y lectora culta, ambiciosa y sofisticada\u2014, debe ser le\u00eddo no es, bajo ninguna circunstancia, el de las aburrid\u00edsimas novelas m\u00e1s bien period\u00edsticas sobre los horrores de la violencia y corrupci\u00f3n contempor\u00e1nea de M\u00e9xico, sino dentro de una tradici\u00f3n formal m\u00e1s vieja, que desesper\u00f3 reformulando el lenguaje literario para obligarlo a representar el drama ps\u00edquico de una generaci\u00f3n a la que le hab\u00eda tocado presenciar un fin de un mundo. De ah\u00ed que experimente con las formas duras del neobarroco latinoamericano o el formalismo centroeuropeo \u2014en la novela cada cap\u00edtulo es un p\u00e1rrafo largu\u00edsimo en el que las frases se cierran solamente porque de verdad ya no pueden admitir una cl\u00e1usula m\u00e1s\u2014, desplegando ese esfuerzo de articulaci\u00f3n de una realidad que no da descanso en un lenguaje orgulloso de su devoci\u00f3n por los rasgos ins\u00f3litos de la lengua hablada por los mexicanos de hoy. A Fernanda Melchor no le interesa contar lo que pasa, sino proponer una manera de registrar lo que cuesta decir: Beckett despu\u00e9s de Black Sabbath, Deleuze en el congal.<br \/>Hay algo familiar, por supuesto, en las historias que cuenta Melchor: su archivo lo compartimos todos. Las fosas, los desembramientos, la voraz patolog\u00eda sexual de los nuevos se\u00f1ores del pueblo. Pero su inter\u00e9s no es registrar los signos del horror de todos los d\u00edas en la orilla veracruzana desde la que escribe, sino generar una manera universal, inquietante, joven, de decir lo que le cuesta raspar a las convenciones expresivas del lenguaje literario, lo que no era necesario que fuera tan horrible, el regocijo en lo oscuro, perverso, inconsciente, ese cofre nervioso en el que se guarda lo que no queremos ver pero no podemos dejar de ver. De ah\u00ed que Temporada de Huracanes sea salvajemente anal. <br \/>Al contar su historia a la manera de Rashom\u00f3n \u2014siete testigos de un hecho atroz cuentan en primera persona c\u00f3mo lo vieron\u2014 Melchor se sustrae, adem\u00e1s, del placer bobo de ejercer un juicio sobre las maneras de vivir que no calzan con la moral productiva que sostiene a las sociedades liberales, pero que al mismo tiempo son su producto. Es una moralista sagaz.<br \/>Los a\u00f1os que vivimos se parecen mucho a los de hace justo 100 a\u00f1os: el poder central s\u00f3lo se representa a s\u00ed mismo y se percibe como una facci\u00f3n triunfadora y no como una burocracia que administra con cierta ganancia el beneficio de los dem\u00e1s; los poderes locales florecen respaldados por milicias irregulares que se cobran un rescate de sangre obviado por los caciques pol\u00edticos; los grupos enfrentados por el control territorial son infinitos, pero comparten un s\u00f3lo programa: hacer la mayor cantidad de dinero en el menor tiempo posible, en dem\u00e9rito de los derechos y la propiedad de los ciudadanos comunes; el \u00fanico lenguaje que todos entienden es el de la hiperviolencia, con la que la gente convive entre el espanto y la resignaci\u00f3n. La naci\u00f3n se convirti\u00f3 en un espect\u00e1culo que la naci\u00f3n contempla en \u00e9xtasis vergonzoso. A Fernanda Melchor no le interesa la naci\u00f3n \u2014tan banal que hay que escribirlo con altas: s\u00f3lo un nombre\u2014 sino el placer oscuro con que se mira a s\u00ed misma.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Inscripciones abiertas El archivo de los narradores de la Revoluci\u00f3n estaba socializado; todos lo hab\u00edan visto y ten\u00edan una opini\u00f3n de \u00e9l porque a veces era parte de una experiencia personal o un recuerdo colectivo&#8230;<\/p>\n","protected":false},"author":93,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[42],"tags":[],"class_list":["post-43155","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-nuestrapalabra"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/plazajuarez.mx\/historico\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/43155","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/plazajuarez.mx\/historico\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/plazajuarez.mx\/historico\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/plazajuarez.mx\/historico\/wp-json\/wp\/v2\/users\/93"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/plazajuarez.mx\/historico\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=43155"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/plazajuarez.mx\/historico\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/43155\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/plazajuarez.mx\/historico\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=43155"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/plazajuarez.mx\/historico\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=43155"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/plazajuarez.mx\/historico\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=43155"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}