{"id":3700,"date":"2015-04-13T05:00:00","date_gmt":"2015-04-13T05:00:00","guid":{"rendered":"http:\/\/plazajuarez.mx\/index\/index.php\/2015\/04\/13\/enfermedad-humillacion-y-humildad\/"},"modified":"2015-04-13T05:00:00","modified_gmt":"2015-04-13T05:00:00","slug":"enfermedad-humillacion-y-humildad","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/plazajuarez.mx\/historico\/enfermedad-humillacion-y-humildad\/","title":{"rendered":"Enfermedad: Humillaci\u00f3n y humildad\u00a0\u00a0"},"content":{"rendered":"<p>No recuerdo bien la cita. Palabras m\u00e1s, palabras menos, dice, \u201cLa vejez es la \u00fanica humillaci\u00f3n de la cual no se puede escapar\u201d. La idea es cruda y (casi) cierta. Salvo cuando la muerte llega en forma inesperada y acaba con la vida en un santiam\u00e9n \u2014infarto agudo al miocardio, accidente automovil\u00edstico\u2014, la enfermedad, universal y omnipresente, humilla de otra forma. De otras formas significa: confrontar la muerte, padecer dolor, tener miedo, saberse vulnerable, cohabitar con un cuerpo enfermo, vejado y disminuido, aguardar en las salas de espera de laboratorios, rayos X y m\u00e9dicos, ser tratado, en ocasiones, con indiferencia o displicencia y, vivir, cuando no hay diagn\u00f3stico, la cruda realidad de la incertidumbre. El listado previo es infinito: resume la vida, toca la muerte.<\/p>\n<p>  <!--more-->  <\/p>\n<p>\u00a0<\/p>\n<p>La enfermedad es maestra. No todo es negativo. Reparar en la finitud de la vida y atesorar la salud son algunos legados. La idea de la humildad es otra lecci\u00f3n. La certeza de que ni la tecnolog\u00eda, ni los saberes m\u00e9dicos resuelven las interrogantes y las mermas de la enfermedad, es un terreno en el cual tambi\u00e9n se debe cavilar.<\/p>\n<p>Con la enfermedad se vive una zona entre gris y negra, donde los colores desaparecen y la indefinici\u00f3n azoga: se camina entre la esperanza y el desasosiego, entre la espera de una buena nueva y una mala noticia, entre el largo minuto mientras se aguarda el diagn\u00f3stico y el infinito tiempo que le toma al m\u00e9dico explicar; se vive entre la luz del d\u00eda y la incertidumbre de la noche copada por demonios y pensamientos sobre la finitud de la vida. Una suerte de soledad individual, interrumpida por las salas de espera, el piquete para recolectar sangre o el ruido de los aparatos de rayos X que persisten hasta que el reporte final le llega al interesado.<\/p>\n<p>Pocas veces el azar es la raz\u00f3n de la enfermedad. Algunas personas, cuando el azar llega e irrumpe en el orden del cuerpo, en las manecillas internas que controlan el funcionamiento exacto, perfecto, de cada una de las incontables c\u00e9lulas que nacen y fenecen cada d\u00eda, se consideran v\u00edctimas de la mala suerte. En El a\u00f1o del pensamiento m\u00e1gico, Joan Didion narra la muerte de su marido y su lucha por entender lo inentendible. \u201cLa vida\u201d, escribe Didion, \u201ccambia en un instante. Te sientas a cenar y la vida acaba de repente\u201d. En ocasiones de repente, otras veces, no.<\/p>\n<p>\u00a0<\/p>\n<p>Muchas enfermedades advierten, mandan mensajes premonitorios. Cuando se instala modifica la armon\u00eda del cuerpo y altera el orden. Casi nada queda en su lugar. La mirada cambia sus blancos, las piernas su posici\u00f3n, el pensamiento su fluidez. La ma\u00f1ana llega tarde o no llega. Las distancias entre el cuarto y la cocina, se duplican, se quintuplican. La noche profundiza el silencio y \u00e9ste se contamina por murmullos otrora desconocidos: el coraz\u00f3n desordenado, el sudor nocturno, las pisadas sin br\u00edo. La enfermedad atrapa. Uno se convierte en su propia v\u00edctima; todo es desaseo: \u00bfc\u00f3mo escapar de uno mismo?, \u00bfc\u00f3mo evadir la nueva realidad?: la nada, el miedo y la incertidumbre son nuevos e ingratos compa\u00f1eros.<\/p>\n<p>Humillaci\u00f3n y patolog\u00eda son binomio frecuente. El cuerpo deja de pertenecer, responde a cuentagotas, pierde independencia. Poco a poco el desorden celular impera y con \u00e9l la imposibilidad de vivir como antes. La autonom\u00eda y la dignidad se modifican y la autoestima se erosiona. Se muere lento. Pocos son conscientes de esa realidad. Un d\u00eda, un poco, un mes, otros pocos. La enfermedad revela esa inconsciencia. Lo hace conforme avanza y manifiesta la fragilidad corporal, conforme la voluntad de seguir pierde ante el peso de la patolog\u00eda.<\/p>\n<p>La enfermedad es maestra. No todo es malo. La humildad es legado valioso. En estas \u00e9pocas enjutas de solidaridad, ruidosas, la humildad es bienvenida. La humildad honra. T.S. Eliot lo dice bien. En el segundo de los Cuatro cuartetos, escribe: \u201cLa \u00fanica sabidur\u00eda que podemos esperar adquirir es la sabidur\u00eda de la humildad: la humildad es infinita\u201d.<\/p>\n<p>Salvo por las muertes repentinas nadie escapa de ser humillado por la enfermedad. No hay remedio, no hay p\u00f3cimas, no hay vacunas. Salir avante, concebir la vida y al otro desde la perspectiva de la enfermedad, y adquirir una dosis de humildad es legado de la patolog\u00eda.<\/p>\n<p>Notas insomnes. La enfermedad humilla y ense\u00f1a. Reparar en el valor de la humildad es \u00fatil.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>No recuerdo bien la cita. Palabras m\u00e1s, palabras menos, dice, \u201cLa vejez es la \u00fanica humillaci\u00f3n de la cual no se puede escapar\u201d. La idea es cruda y (casi) cierta. 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