{"id":36677,"date":"2017-02-17T13:31:20","date_gmt":"2017-02-17T13:31:20","guid":{"rendered":"http:\/\/plazajuarez.mx\/index\/index.php\/2017\/02\/17\/responso-por-el-melomano\/"},"modified":"2017-02-17T13:31:20","modified_gmt":"2017-02-17T13:31:20","slug":"responso-por-el-melomano","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/plazajuarez.mx\/historico\/responso-por-el-melomano\/","title":{"rendered":"Responso por el mel\u00f3mano"},"content":{"rendered":"<p>Callej\u00f3n de Sombrereros<br \/>Sin propon\u00e9rselo, Eusebio Ruvalcaba practicaba la bonhom\u00eda sin afectaciones. Era afable y generoso, de maneras suaves y trato f\u00e1cil y reconfortante, que en algo proced\u00eda de sus or\u00edgenes jaliscienses<\/p>\n<p>DATO<br \/>No parece extra\u00f1o que, a pesar de haber escrito novelas, cuentos y poemas observando los principios de cada forma literaria, haya creado un g\u00e9nero personal, entre el ensayo, el art\u00edculo, el comentario mel\u00f3mano, el aforismo, el cuaderno de notas, la lista de obras queridas, en el que se le puede reconocer; era como escrib\u00eda, leerlo es como platicar con \u00e9l. Sin embargo, no basta ahora que ha muerto, el martes 7 de febrero, a los 65 a\u00f1os de edad, en el Valle de An\u00e1huac.<\/p>\n<p>  <!--more-->  <\/p>\n<p>Aunque consideraba que era m\u00e1s peligrosa que las relaciones con la diabetes, el alcohol y las mujeres, la literatura era natural en Eusebio Ruvalcaba. Su escritura ocurre como esos pensamientos incesantes y minuciosos que nos habitan inexorablemente, como una conversaci\u00f3n circunstancial, como las ideas errantes que propicia el alcohol, como el placer de beber solitariamente, como las evocaciones simples, como la inagotable meloman\u00eda.<br \/>No parece extra\u00f1o que, a pesar de haber escrito novelas, cuentos y poemas observando los principios de cada forma literaria, haya creado un g\u00e9nero personal, entre el ensayo, el art\u00edculo, el comentario mel\u00f3mano, el aforismo, el cuaderno de notas, la lista de obras queridas, en el que se le puede reconocer; era como escrib\u00eda, leerlo es como platicar con \u00e9l. Sin embargo, no basta ahora que ha muerto, el martes 7 de febrero, a los 65 a\u00f1os de edad, en el Valle de An\u00e1huac.<br \/>Sin propon\u00e9rselo, Eusebio Ruvalcaba practicaba la bonhom\u00eda sin afectaciones. Era afable y generoso, de maneras suaves y trato f\u00e1cil y reconfortante, que en algo proced\u00eda de sus or\u00edgenes jaliscienses. Devoto de la Generala, la Virgen de Zapopan, le gustaba rememorar Guadalajara incluso cuando estaba en Guadalajara y Yahualica, donde naci\u00f3 su padre y que derivaba inevitablemente en el nombre de Agust\u00edn Y\u00e1\u00f1ez y sus admirables textos sobre Jalisco y su novela \u201cAl filo del agua\u201d. Cultivaba compulsivamente la superstici\u00f3n de la amistad, que volv\u00eda inmediata y perdurable, y que manifestaba en su escritura, que importaba otra forma de la amistad, como lo cre\u00eda Robert Louis Stevenson. Sus textos suelen estar dedicados a amigos varios, a algunos de los cuales retrat\u00f3 en un libro de sonetos.<br \/>Conoc\u00eda el valor de una dedicatoria. La m\u00fasica tambi\u00e9n le deparaba ejemplos de ello como lo escribi\u00f3 en la historia de Ludwig van Beethoven, que se sobrepuso a s\u00ed mismo para visitar al bar\u00f3n de Stutterheim, \u201cacostumbrado a la adulaci\u00f3n\u201d, para pedirle que intercediera para que su sobrino Karl Beethoven fuera aceptado en el ej\u00e9rcito imperial austroh\u00fangaro. El bar\u00f3n se neg\u00f3 despectivamente, por lo que Beethoven tuvo que ofrecerle que le pagar\u00eda el favor. Casi ofendido, el bar\u00f3n le respondi\u00f3 por escrito, porque Beethoven era sordo, con letra nerviosa: \u201c\u00bfQu\u00e9 riqueza podr\u00eda usted ofrecerme que no represente un insulto para m\u00ed?\u201d Beethoven repuso en\u00e9rgicamente, como acostumbraba, que le pod\u00eda dar lo que nadie pod\u00eda darle: dedicarle una de sus obras.<br \/>Tambi\u00e9n imagin\u00f3 a Johannes Brahms comprendiendo que el \u00fanico tributo que pod\u00eda atreverle a una hermosa desconocida a la que hab\u00eda admirado fugazmente en el Stadtpark de Viena, era dedicarle algo de su m\u00fasica. <br \/>A pesar de que advert\u00eda que \u201chay que evitar al m\u00e1ximo beber con un hombre que anteponga la violencia o la iron\u00eda a la amistad; o que se asuma como el centro del universo\u201d, Eusebio Ruvalcaba sab\u00eda que el alcohol puede propiciar encuentros venturosos, y puede ser una forma de cultivar la conversaci\u00f3n y la amistad. En su casa de Tlalpan, sol\u00eda descorchar una botella de vino como m\u00e1s que un s\u00edmbolo de hospitalidad y le preguntaba al invitado qu\u00e9 quer\u00eda o\u00edr. En anaqueles y grandes cajones guardaba una discoteca prodigiosa en la que abundaban Brahms, Beethoven, Mozart, Heifetz, Oistrakh. En un sill\u00f3n de la sala, hab\u00eda una fotograf\u00eda enmarcada de Silvestre Revueltas, \u201cun hombre avejentado de 38 a\u00f1os\u201d, se\u00f1alaba. Con frecuencia, ese retrato lo acompa\u00f1aba en sus traves\u00edas consuetudinarias por diversas cantinas: La Jalisciense en Tlalpan, La Invencible y La Providencia en San \u00c1ngel, la Buenos Aires en el centro del otrora Distrito Federal, entre otras. A veces, prend\u00eda una peque\u00f1a grabadora para o\u00edr m\u00fasica: Bach, Debussy, Schumann, Alban Berg, sin importarle la procacidad de la cantina, su suciedad o que un tr\u00edo perpetrara canciones yucatecas o corridos norte\u00f1os. No siempre necesitaba de un amigo para beber.<br \/>En una vitrina, en su casa, atesoraba el viol\u00edn de su padre, Higinio Ruvalcaba, primer viol\u00edn del cuarteto Lener, del cual a veces se habla como una complicidad de iniciados, a veces como una evocaci\u00f3n no siempre imaginaria, a veces como algo m\u00e1s que un nombre en la historia de la m\u00fasica en M\u00e9xico. De ni\u00f1o, tocaba el viol\u00edn a la zurda en un mariachi en San Pedro Tlaquepaque. Su afici\u00f3n al box le hab\u00eda deparado una ceguera parcial en el ojo derecho y la inmovilidad permanente del dedo cordial izquierdo. Se hab\u00eda creado una t\u00e9cnica intuitiva y sus cadencias resultaban asombrosas. Lamentablemente, muchas de ellas se han perdido. Con rigor, pero sin prescindir del afecto y la admiraci\u00f3n, Eusebio Ruvalcaba edit\u00f3 un libro conmovedor sobre su padre, que es asimismo el de la historia de amor de sus padres, conformada inexorablemente por la m\u00fasica, no s\u00f3lo porque su madre, Carmela Castillo Betancourt, era pianista. Su bonhom\u00eda lo conduc\u00eda a la comprensi\u00f3n y la solidaridad, a no ocultar sus afectos, aunque sab\u00eda que \u201cno hay nada que atraiga m\u00e1s a un escritor que la desdicha humana\u201d.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Callej\u00f3n de SombrererosSin propon\u00e9rselo, Eusebio Ruvalcaba practicaba la bonhom\u00eda sin afectaciones. 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