{"id":255829,"date":"2023-04-02T18:15:41","date_gmt":"2023-04-03T00:15:41","guid":{"rendered":"https:\/\/plazajuarez.mx\/?p=255829"},"modified":"2023-04-03T08:48:22","modified_gmt":"2023-04-03T14:48:22","slug":"la-estacion-del-pantano","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/plazajuarez.mx\/historico\/la-estacion-del-pantano\/","title":{"rendered":"La Estaci\u00f3n del Pantano"},"content":{"rendered":"\n<p><\/p>\n\n\n\n<p>YURI HERRERA<\/p>\n\n\n\n<p>Para 1853 Benito Ju\u00e1rez ya ha sido juez, diputado y goberna- dor de Oaxaca. Pero todav\u00eda est\u00e1 lejos de ser el hombre que encabezar\u00e1 la reforma liberal, primero como ministro y lue- go como presidente, y a\u00fan m\u00e1s de ser el hombre terco y vi- sionario que lider\u00f3 la resistencia contra los invasores fran- ceses y restableci\u00f3 la rep\u00fablica. Sin embargo, ya se ha hecho de enemigos, en particular el dictador Santa Anna, que no le perdona que, en 1847, cuando hu\u00eda de la capital tras el desas- tre de la guerra contra los gringos, Ju\u00e1rez no lo hubiera deja- do entrar a Oaxaca. As\u00ed es que ahora, Santa Anna, de nuevo en el poder, lo manda arrestar para enviarlo al exilio.<\/p>\n\n\n\n<p>En su autobiograf\u00eda Apuntes para mis hijos, Ju\u00e1rez des- cribe en detalle su arresto, el periplo a la prisi\u00f3n de San Juan de Ul\u00faa y el destierro a Europa v\u00eda La Habana, donde deci- de quedarse para planear su regreso. A partir de ah\u00ed su rela- to se vuelve escueto. S\u00f3lo dice: En La Habana \u00ab\u2026 permane- c\u00ed hasta el d\u00eda 18 de diciembre, que pas\u00e9 para Nueva Orleans, donde llegu\u00e9 el d\u00eda 29 del mismo mes\u00bb.<\/p>\n\n\n\n<p>\u00abViv\u00ed en esta ciudad hasta el 20 de junio de 1855 en que sal\u00ed para Acapulco a prestar mis servicios de campa\u00f1a\u2026\u00bb.<\/p>\n\n\n\n<p>No dice ni una sola palabra sobre los casi dieciocho me- ses que estuvo desterrado en Nueva Orleans, ni una, a pesar de que es en ese per\u00edodo que se encontrar\u00e1 con otros exilia- dos y se convertir\u00e1 en el l\u00edder liberal que marcar\u00e1 la vida del pa\u00eds durante las siguientes d\u00e9cadas. Fuera de las mismas dos o tres an\u00e9cdotas vagas que se mencionan en las biograf\u00edas, nadie sabe exactamente qu\u00e9 es lo que sucedi\u00f3.<\/p>\n\n\n\n<p>Es en ese hueco marcado por el punto y aparte donde sucede esta historia. Toda la informaci\u00f3n sobre la ciudad, los mercados de gente, los mercados de comida, los cr\u00edmenes diarios, los incendios semanales, puede corroborarse en do- cumentos hist\u00f3ricos. \u00c9sta, la historia verdadera, no.<\/p>\n\n\n\n<p>UNO<\/p>\n\n\n\n<p>Lo sacaron a rastras del barco, lo arrojaron por la pasare- la, y cay\u00f3 frente a ellos, intent\u00f3 levantarse, pero los de pla- ca lo redujeron a garrotazos, que el hombre no deten\u00eda por- que atesoraba con ambas manos algo contra su pecho. Uno de los que lo atormentaban dijo Suelta, no sab\u00edan la lengua,<\/p>\n\n\n\n<p>pero eso le estaba diciendo, \u00a1Suelta!, grit\u00f3 el que pare- c\u00eda el jefe, y luego lo insult\u00f3, no conoc\u00edan la palabra, pe- ro conoc\u00edan el lenguaje del odio. El hombre no soltaba, hasta que tres plaqueados le jalaron un brazo y tres<\/p>\n\n\n\n<p>el otro, el objeto cay\u00f3 y se abri\u00f3 en el suelo, el jefe lo recogi\u00f3 y, aunque sin duda hab\u00eda tenido antes objetos como \u00e9se en sus manos, se qued\u00f3 at\u00f3nito al ver que era una br\u00fajula.<\/p>\n\n\n\n<p>Durante el momento de congelaci\u00f3n en que los plaqueados miraban al je- fe y el jefe miraba la br\u00fajula y el hombre miraba al jefe con la br\u00fajula en las manos y nadie sab\u00eda qu\u00e9 hacer, \u00e9l alcanz\u00f3 a ver el tatuaje en la espalda del hombre, a la<\/p>\n\n\n\n<p>altura del om\u00f3plato, el glifo de un p\u00e1jaro caminando en una direcci\u00f3n mientras mira en la otra.<\/p>\n\n\n\n<p>El tiempo se descongel\u00f3, el jefe cerr\u00f3 la br\u00fajula, se dio media vuelta y ech\u00f3 a andar; sus plaqueados levantaron al hombre s\u00f3lo para volver a arrastrarlo, como a una bestia, y desaparecieron entre la gente.<\/p>\n\n\n\n<p>Luego, todo se encendi\u00f3: las cruces elevando los barcos de vela, las lanchas cargadas de heno y carb\u00f3n, el algod\u00f3n, tan- to algod\u00f3n, cientos y cientos y cientos de pacas de algod\u00f3n, las monta\u00f1as de verdura descargada, el olor a verdura fresca, el olor a verdura podrida, la promiscuidad de voces incom- prensibles, el traj\u00edn de la gente, el olor del traj\u00edn de la gente; a la izquierda, el agua oscura espolvoreada de luces; las luces opacas de las farolas al frente; las luces titilantes de la ciudad a la derecha.<\/p>\n\n\n\n<p>Se dejaron tambalear por los estibadores y por<\/p>\n\n\n\n<p>los hombres que empezaron a rodearlos y a ofrecerles cosas y a se\u00f1alar en distintas direcciones.<\/p>\n\n\n\n<p>Se inclin\u00f3 hacia Pepe y le grit\u00f3 al o\u00eddo si ten\u00eda la direc- ci\u00f3n. Pepe lo mir\u00f3 desolado. Cu\u00e1l era, cu\u00e1l era. Era un hotel. Mata les hab\u00eda mandado decir que los esperar\u00eda en un hotel. Un hotel con el nombre de una ciudad. O de un estado.<\/p>\n\n\n\n<p>O era el nombre de una persona. Era algo con ce.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2013\u00bfHotel Chicago? \u2013grit\u00f3 a la oreja de Pepe. Pepe entrecerr\u00f3 los ojos.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2013\u00bfHotel Cleveland?<\/p>\n\n\n\n<p>Pepe dubit\u00f3, no neg\u00f3, nom\u00e1s dubit\u00f3.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2013\u00bfHotel Cincinnati?<\/p>\n\n\n\n<p>Pepe abri\u00f3 mucho los ojos y lo mir\u00f3 con admira- ci\u00f3n.<br>\u2013Hotel Cincinnati \u2013dijo. Aunque las voces a su<br>alrededor eran una mara\u00f1a innavegable de ruidos, uno de los gritones que los aco- saba dijo, cariluminado:<br>\u2013Hotel Cincinnati \u2013Se se\u00f1al\u00f3 el pecho con un de- do\u2013. Hotel Cincinnati.<br>Y les indic\u00f3 que lo si- guieran.<br>\u00c9l se encogi\u00f3 de hom- bros, le dijo a Pepe Vamos, y la ciudad los sorbi\u00f3 como una esponja.<br>El hombre caminaba con prisa pero echando ojeadas para asegurarse de que Pe- pe y \u00e9l lo segu\u00edan; al bajar del levee y entrar a la ciu- dad-ciudad propiamente dicha, menos congestiona- da pero lodosa, el gu\u00eda co- menz\u00f3 a caminar m\u00e1s lento, hasta que se detuvo del to- do, chifl\u00f3 sin direcci\u00f3n cla- ra y de un callej\u00f3n sali\u00f3 un muchachito al que el gu\u00eda le dio instrucciones haciendo el signo universal de la cali- graf\u00eda, y el muchachito sali\u00f3 corriendo. El gu\u00eda se volvi\u00f3 hacia ellos, levant\u00f3 un pul- gar con aire triunfante y si- gui\u00f3 caminando.<br>Se detuvo frente a una casa con una antorcha so- bre la puerta. Ex\u00e1nime, les ofreci\u00f3 con gesto se\u00f1orial el quicio cuadrado y estrecho, cual si fuera el port\u00f3n de un palacio. Al lado, un pedazo de tela que dec\u00eda Hotel Cincinnati.<br>Entraron uno por uno; adentro el muchachito a\u00fan sosten\u00eda un martillo en una mano y un pedazo de tela en la otra; hab\u00eda un pasillo oscuro, una mecedora, una chimenea, a sus lados va- rios sillones en los que tres marineros se entibiaban las palmas, una mesa de roble detr\u00e1s de la cual una mujer severa ya inquir\u00eda Asunto con la nariz.<br>\u00c9l sac\u00f3 los documentos que ya hab\u00eda mostrado en la aduana, pero la mujer neg\u00f3 impaciente con la cabeza y se tall\u00f3 las puntas de los de- dos en la se\u00f1a universal de Esto es lo que me interesa. \u00c9l sac\u00f3 entonces algo del di- nero que tra\u00eda, pesos, la mu- jer los calibr\u00f3 un segundo<br>y luego asinti\u00f3 Son buenos, los tom\u00f3 y le dio una orden al muchacho, que ech\u00f3<br>a andar por el pasillo.<br>Lo siguieron hasta un patio interior en el que s\u00f3- lo hab\u00eda pedazos de sillas y mesas encimadas, al fondo una puerta que el mucha- chito abri\u00f3 para ellos. Dos catres. Una silla entera. Un gancho para colgar ropa. Un cuenco de peltre. El mucha- chito se\u00f1al\u00f3 otra puerta en otro lado del patio: m\u00e1s va- l\u00eda que fuera el ba\u00f1o. Los mir\u00f3 un segundo en silencio. Hizo la mueca universal<br>de Bienvenidos al Hotel<br>Cincinnati, y se march\u00f3.<br>El recibimiento al bajar del paquebote fue una anticipa- ci\u00f3n de todo lo que vendr\u00eda despu\u00e9s. Esperar y esperar, no saber decir, no ser escu- chado, aprender los nom- bres secretos de las cosas.<br>Cuando al fin lleg\u00f3<br>su turno, sac\u00f3 los papeles, pero el bur\u00f3crata que le to- c\u00f3 en vez de tomarlos le hizo alguna pregunta, \u00bfDe d\u00f3nde viene? \u00bfA qu\u00e9 viene?<br>\u00bfA qu\u00e9 se dedica? \u00bfC\u00f3mo<br>se llama? No todas: alguna de ellas. Decidi\u00f3 responder a todas de corrido. El bu- r\u00f3crata lo mir\u00f3 con impa- ciencia y le arrebat\u00f3 los pa- peles. Empez\u00f3 a copiar los datos, pero al llegar a Ocu- paci\u00f3n pregunt\u00f3 algo, \u00e9l mi- r\u00f3 la palabra que le se\u00f1alaba y dijo Abogado, lawyer. El bur\u00f3crata lo mir\u00f3 inexpresi- vamente. Apunt\u00f3 Merchant. Se detuvo otra vez al ver la edad en el documento, 47. Levant\u00f3 la vista, lo estudi\u00f3 con genuina curiosidad, ca- si amistosamente, y apunt\u00f3: 21. Tambi\u00e9n apunt\u00f3 como fecha de llegada una que<br>no era, aunque podr\u00eda es- tar equivocado: desde hac\u00eda mucho ya no sab\u00eda en qu\u00e9 d\u00eda viv\u00eda.<br>Se qued\u00f3 callado y re- cibi\u00f3 sus papeles de vuelta. A Pepe lo despacharon con m\u00e1s rapidez.<br>Se alejaban de ah\u00ed cuan- do cay\u00f3 frente a ellos el hombre con la br\u00fajula.<br>Una cucaracha atravesaba el techo como quien se aven- tura al desierto, iluminada por el retazo de luz que en- traba desde el patio. Segu\u00edan su recorrido en silencio, aunque ambos sab\u00edan que el otro no dorm\u00eda. La obser- varon ir y venir por un rato. De pronto Pepe dijo:<br>\u2013\u00bfCu\u00e1ndo podremos volver?<br>La cucaracha ahora se daba media vuelta y andaba con prisa hacia un rinc\u00f3n.<br>\u2013Pronto, seguro.<br>Ten\u00edan que encontrar a los otros. A la ma\u00f1ana siguiente pregunt\u00f3, apuntando<br>el nombre y gesticulando los largos bigotes, si Mata se hospedaba ah\u00ed. No se hospedaba ah\u00ed. Pregunt\u00f3 m\u00e1s por no dejar que por optimismo. Ya sospechaba que si exist\u00eda el Hotel Cincinnati no era \u00e9ste.<br>Lo que s\u00ed no ten\u00eda caso<br>era preguntar por el verda- dero Hotel Cincinnati, ni modo que le fueran a decir Ah, usted quer\u00eda ir al Verda- dero Hotel Cincinnati.<br>Tomaron una bebida caliente con alusiones de t\u00e9 que la due\u00f1a severa apunt\u00f3 en un cuadernito, se pusieron los abrigos y salieron. Se quedaron unos minutos en silencio sobre la banqueta.<br>El d\u00eda estaba soleado, mas la calle no se daba por enterada. No era el peor fr\u00edo que hab\u00eda sentido, pero era un fr\u00edo lento que, en vez de pegar de golpe, se tomaba unos momentos buscando por d\u00f3nde filtrar una pe- l\u00edcula de escarcha bajo el abrigo. Caminaron hasta la esquina y miraron en todas direcciones. Ni rastro de la muchedumbre del d\u00eda an- terior. Se dirigieron hacia<br>el r\u00edo. Conforme se acerca- ban, las calles se desentu- m\u00edan, ol\u00eda a carb\u00f3n encendi- do, algunas tiendas comen- zaban a abrir, se escuchaban silbidos; un borracho que amanec\u00eda con la novedad espantosa de que ya no es- taba borracho los mir\u00f3 con la obvia intenci\u00f3n de pedir- les caridad, pero cambi\u00f3 de opini\u00f3n de inmediato.<br>Llegaron al levee y se encaminaron a donde hab\u00eda sido arrojado el hombre de la br\u00fajula. De alg\u00fan modo<br>\u00e9l esperaba que hubiera ras- tro de lo que hab\u00eda sucedido, de la golpiza, de la adrenali- na, de las miradas. No<br>hab\u00eda nada.<br>Al regresar al Gran Hotel Cincinnati se encontraron con que dos marineros se chocaban los pechos y las barbas ah\u00ed mismo en la, di- gamos, recepci\u00f3n. Se escu- p\u00edan saliva, tabaco e insul- tos, como perros con una reja de por medio, o no, porque uno de ellos se incli- n\u00f3 as\u00ed como quien no quie- re la cosa y prendi\u00f3 el ati- zador que colgaba junto a la chimenea, y el otro, con una agilidad insospechada para tanto pelo y tanta car- ne y tanto olor a ron, dio un paso atr\u00e1s, sac\u00f3 de debajo de un sobaco o sepa d\u00f3n- de una soga gruesa con una bola pesada en un extremo, que gir\u00f3 con perfecci\u00f3n una vez, como si enrollara el ai- re caliente frente a la chi- menea, y en el segundo giro le revent\u00f3 una sien al otro marinero.<br>Hab\u00eda sido un instante de plasticidad bell\u00edsima, a pesar de que tambi\u00e9n ha- b\u00eda sido pavoroso el sonido del cr\u00e1neo al romperse. Ya encontrar\u00edan que aqu\u00ed esas combinaciones eran muy frecuentes.<br>La posadera severa tro- n\u00f3 los dedos e hizo una se\u00f1a al muchachito, el muchachi- to se cal\u00f3 un gorro, se puso su abrigo y sali\u00f3 corriendo, y el marido, quien los hab\u00eda guiado al Mundialmente Fa- moso Hotel Cincinnati, ex- trajo una pistola de debajo de su sill\u00f3n, pero no apunt\u00f3 al marinero, que, aunque no giraba su arma, a\u00fan la blan- d\u00eda con el brazo doblado en alto, el marido s\u00f3lo dijo un par de palabras serenas, que retrocediera, que bajara el arma, que no fuera imb\u00e9cil, alguna de \u00e9sas.<\/p>\n\n\n\n<p>(Este texto se reproduce con el permiso correspondiente)<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>YURI HERRERA Para 1853 Benito Ju\u00e1rez ya ha sido juez, diputado y goberna- dor de Oaxaca. 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