{"id":118470,"date":"2020-06-16T06:00:00","date_gmt":"2020-06-16T11:00:00","guid":{"rendered":"https:\/\/plazajuarez.mx\/?p=118470"},"modified":"2020-06-15T21:58:47","modified_gmt":"2020-06-16T02:58:47","slug":"el-agora-7","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/plazajuarez.mx\/historico\/el-agora-7\/","title":{"rendered":"El \u00c1gora"},"content":{"rendered":"\n<h2 class=\"wp-block-heading\"><strong>&nbsp;La leyenda del tigre mulato<\/strong><\/h2>\n\n\n\n<!--more-->\n\n\n\n<p>Naci\u00f3 en el barrio <em>Da luz<\/em> de la vieja ciudad de <em>Sao Paolo, Brasil,<\/em> el 18 de Julio de 1892. Su origen mestizo fue premonici\u00f3n de la ardua existencia que habr\u00eda de afrontar y sus goles, el motivo olvidado de la grandeza que alcanz\u00f3.<\/p>\n\n\n\n<p>Era casi imposible que los jugadores mulatos o de raza negra pisaran las canchas a principios del siglo XX. Por eso es que para Arthur Friedenreich fue tan duro el comienzo.<\/p>\n\n\n\n<p>Explotar su gambeta, burlar las patadas y confiar en su habilidad para resquebrajar a los defensores, rompi\u00e9ndoles la cintura de cara a la porter\u00eda, fue su carta de presentaci\u00f3n ante el deporte m\u00e1s hermoso de todos. Aprendi\u00f3 a jugar en la calle, en medio de una vida complicada, defendiendo su honor en el barrio, con la pelota como su \u00edntima aliada.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>Dicen los registros de quienes lo alcanzaron a ver que jugaba como los dioses, que pose\u00eda un excelso dominio del bal\u00f3n con ambas piernas, una depurad\u00edsima t\u00e9cnica y la cadencia art\u00edstica de una habilidad sublime.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>Cuentan tambi\u00e9n que en alguna ocasi\u00f3n, directivos del organismo rector del f\u00fatbol en Brasil le pidieron que blanqueara su rostro con polvo de arroz y dominara su cabello con gomina, para poder vestir la <em>canarinha<\/em>, a la que despu\u00e9s conducir\u00eda a los triunfos continentales de la Copa Am\u00e9rica en 1919 y 1922.<\/p>\n\n\n\n<p>Fuera de la cancha fue un trotamundos, un rom\u00e1ntico que disfrutaba de los placeres ef\u00edmeros que le ofrec\u00edan la bohemia, el tabaco y el alcohol. Un dandy, un casanova, que sab\u00eda perfectamente la clase de magia que llevaba en los botines. Maestro del<em> dribling,<\/em> descarado y grosero a la hora de atacar, uno de esos monstruos deportivos que aparecen, como los cometas, en ciertas generaciones.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>Ahora, desde luego, la gente conserva la memoria de distintos grandes. El talento de Pel\u00e9, la genialidad de Johan Cruyff, el carisma de Diego Maradona, incluso la velocidad y el desborde de Garrincha. Sin embargo, la historia del f\u00fatbol no puede contarse sin el \u201cTigre\u201d Friedenreich.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>Las bases que sent\u00f3 aquel mulato de los ojos verdes, apoyado en sus m\u00e1s de mil trescientos goles, son esenciales para comprender los or\u00edgenes del f\u00fatbol. No s\u00f3lo por haber sido el tremendo goleador que fue, sino porque su presencia abri\u00f3 las puertas a otros jugadores que, como \u00e9l, hab\u00edan sido despreciados por su color de piel o su clase social. Y es que cuando el balompi\u00e9 estaba reservado para una \u00e9lite de arist\u00f3cratas y burgueses blancos, lleg\u00f3 \u201cFreid\u201d para transformarlo todo.&nbsp;&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>Por ello, en un deporte como este, donde los aficionados estamos \u00e1vidos de h\u00e9roes y de leyendas, deber\u00edamos dar su justo lugar a Friedenreich, quien es quiz\u00e1s el menos recordado de los titanes del esf\u00e9rico.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>Muri\u00f3 en 1969 y varios son los debates que persisten sobre su trayectoria. No obstante, m\u00e1s all\u00e1 de si es correcto o no reivindicarle como el m\u00e1ximo artillero de todos los tiempos, de lo que estoy seguro es que hoy, frente a un juego que se encuentra capturado por intereses econ\u00f3micos y comerciales, recordar las haza\u00f1as del \u201cTigre\u201d es un verdadero acto de rebeld\u00eda, respeto y justicia.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p><strong><em>Abogado y profesor del Tecnol\u00f3gico de Monterrey<\/em><\/strong><\/p>\n\n\n\n<p><strong><em>Twitter: @GerardoVela<\/em><\/strong><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>&nbsp;La leyenda del tigre mulato<\/p>\n","protected":false},"author":97,"featured_media":0,"comment_status":"closed","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[42],"tags":[],"class_list":["post-118470","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-nuestrapalabra"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/plazajuarez.mx\/historico\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/118470","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/plazajuarez.mx\/historico\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/plazajuarez.mx\/historico\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/plazajuarez.mx\/historico\/wp-json\/wp\/v2\/users\/97"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/plazajuarez.mx\/historico\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=118470"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/plazajuarez.mx\/historico\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/118470\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/plazajuarez.mx\/historico\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=118470"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/plazajuarez.mx\/historico\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=118470"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/plazajuarez.mx\/historico\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=118470"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}