Eabre poder judicial de hidalgo convocatoria para doctorado en derec…

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    PEDAZOS DE VIDA

    Para cuando despert , ya hab a amanecido.  Su cuerpo estaba medio acomodado en el sof negro que desentonaba con el color verde de la sala completa, abri los ojos, pero no hizo siquiera el menor esfuerzo por levantarse. De reojo y sintiendo c mo los ojos se le iban para atr s, medio alcanz a ver  las manecillas del gran reloj que adornaba la pieza, y volvi a dormir.

    Para cuando despert , el reloj marcaba las cuatro de la tarde, así que como bien pudo, se levant , abri el refrigerador y bebi cuanto pudo, caminaba de nuevo a la sala cuando vio sus huellas por toda la habitación. El lodo hab a hecho lo suyo y l no recordaba por qu hab a caminado por todos los cuartos, parec a que le hab an robado lasí ltimas horas de su borrachera en casa del Juaco .

    Sin embargo, no tom nada en serio, hasta que de su abrigo sac una carta, como de baraja, pero de mayor tama o que los naipes comunes, tenía la inscripci VIII La Justice y tenía como centro la figura de una mujer que cargaba la balanza y la espada de doble filo, sin saberlo, hab a sacado de su abrigo el arcaño mayor del Tarot, La Justicia.

    l segu a sin entender, no lograba recordar nada, ni siquiera supo c mo lleg a casa, y al medio hablar con sus compa eros de juerga, nadie supo explicar la posesi n de dicha carta, así que dej el tema en el olvido y la carta sobre el bur , bajo la luz de la l mpara hasta que por el f tido olor, descubri el cad ver que estaba bajo su cama.  

    En una maño la balanza, y en otra la espada de doble filo, sus ojos, bajo la ceguera temporal de un vendaje eterno no podían guiarlo. Era la mujer de aquella carta, era la mujer!, lo sab a pero hab a enmudecido como para implorar. Su cuello se acerc , en la lentitud po tica del tiempo, a la filosa espada, la mujer permaneci inm vil, era como si el viento llevara el cuerpo hacia el filo, como el carnicero a la sierra lleva la carne

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