Un adulto responsable
Gracias, padre, por el
regalo de la vida…
Inicio de una oración católica
Llegué a los 30 años, y solo me queda una cosa por hacer: agradecerle a la vida y, sobre todo a Dios, la oportunidad de empezar mi caminar.
Dicen los que creen que el camino público de Jesús comenzó a partir de esta edad, porque según los Judíos, en este periodo el hombre ha alcanzado su plena madurez física y mental. Y no, no me estoy comparando con Él, ni tampoco creo que esté en la plena flor de mi vida adulta, no. Simplemente lo menciono porque creo que sí es un parteaguas para la vida.
A esta edad ya he sufrido pérdidas irremplazables, he disfrutado, me he enojado y he comprendido algo muy importante: a lo que vale la pena prestarle atención y a lo que no.
Por eso me atrevo a elevar esta oración a mi Dios: “Señor, gracias por concederme un año más de vida, espero poder seguir el camino que me lleve a ti, y encontrar el rostro tuyo en la gente que me encuentre en mi caminar…
Ayúdame a dejar la envidia de lado y encontrar la empatía suficiente para ver las cualidades de mis semejantes; no quedarme nunca indiferente ante sus pesares, y si me es posible, encontrarles alguna solución a sus problemas…
Permíteme ser buen maestro a la hora de que alguien me busque para aprender algo de lo poquito que sé. Pero eso sí, te pido humildad para nunca fanfarronear sobre algo que quizá sea obvio para mí pero no para los demás…
Guíame con paciencia a través de la justicia y la entereza, que mis intereses nunca estén por encima de los de los demás y que la tolerancia sea una de mis principales cualidades…
Si es posible, Señor, quítame esta desorganización que ha reinado en mi caminar los últimos años, hazme un hombre que necesite poco y que lo que tenga esté en buenas condiciones, que la acomulación sea un vago recuerdo de mi pasado…
Protégeme en carretera, hoy que tengo la necesidad de abandonar mi municipio con frecuencia y que estoy buscando un mejor futuro y permíteme ser un conductor accesible cuando algún compañero me solicite apoyo…
Señor, no permitas que mis múltiples actividades me sirvan de excusa para no buscarte, para no agradecer por todo aquello que me has permitido vivir, para no practicar la caridad o para ver disminuida mi fe, porque es lo único que me sacará de los momentos más escabrosos…
Mándame templanza para discernir lo que quieres de mí, porque confío plenamente en que tú siempre me darás los medios para lograr los retos que se me presenten…
Gracias, Señor, porque sé que tú siempre me escuchas y que tienes preparado un plan para mí”.
Nota: ¡Mil gracias por sus felicitaciones, me alegra el alma saber que tienen un buen recuerdo de mi persona!




