Javier Peralta (398)

LAGUNA DE VOCES

Escrito por  |  Jueves, 30 Abril 2015 00:00

* Las cosas simples y milagrosas de la vida

Destinos de abril

Escrito por  |  Domingo, 26 Abril 2015 00:00

LAGUNA DE VOCES

Una vez, hace mucho tiempo, en un pueblo de laguna cristalina, frío, agrio como la naranja de cucho, casas de paredones anchos igual que la esperanza, supe que la única constancia en la vida es precisamente tener esperanza: de que la fortuna llegue cualquier día vestida de un buen empleo, de amores eternos con todo y que la gente coincida en asegurar que lo son mientras duren, de ver que los hijos crezcan y estén sanos, es decir que no se enfermen gravemente; de pensar que siempre estará la sonrisa a la espera de sorprendernos al menor descuido, de creer que uno tiene amigos que acudirán en ayuda nuestra cuando sea necesario.

RETRATOS HABLADOS

Escrito por  |  Jueves, 16 Abril 2015 00:00

• De los “Retratos” a la 

“Laguna de Voces”

RETRATOS HABLADOS

Escrito por  |  Miércoles, 15 Abril 2015 00:00

* Hay mejores cosa qué hacer

RETRATOS HABLADOS

Escrito por  |  Martes, 14 Abril 2015 00:00
  • Eduardo Galeano, el fútbol, la vida, la América Latina

RETRATOS HABLADOS

Escrito por  |  Lunes, 13 Abril 2015 00:00
  • MAO y Proceso, desencuentros

que no terminan

RETRATOS HABLADOS

Escrito por  |  Miércoles, 08 Abril 2015 00:00

* Nada contra nadie, nadie contra nada

RETRATOS HABLADOS

Escrito por  |  Martes, 07 Abril 2015 00:00

* Bulbo Radio Experimental de la UAEH

RETRATOS HABLADOS

Escrito por  |  Lunes, 06 Abril 2015 00:00
  • Campañas, como borrachera

que lleva a ser desmemoriados

RETRATOS HABLADOS

Escrito por  |  Viernes, 27 Marzo 2015 00:00

* Ser turistas por una semana

No hubo tiempo cuando vivía en el Distrito Federal para ser turista. Eso siempre sucede al convertirnos habitante permanente de un lugar determinado: es imposible hacerse el sorprendido con un edificio que se ve noche y día, y se termina por perder justo esa capacidad, la de la admiración ante lo que esencialmente es hermoso. Por eso pocas veces estuve en el Palacio de las Bellas Artes, salvo las que nos obligaban en la escuela para asistir a conciertos, y por supuesto nunca dejaron algo más que un extraño sentimiento de temor ante los que en ese entonces, seguramente ahora también, entendían que una sala como la Manuel M. Ponce exigía ir de traje y corbata, incluso niños vestidos como adultos.


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